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martes, 13 de marzo de 2007

Tormenta de ideas sobre farándula, política y la aparición de marzo

Hace algunos años asistí a un pequeño foro-debate sobre el Informe de Desarrollo Humano en Chile del año 2004, titulado "El poder: ¿para qué y para quien?. Entre múltiples y diversos temas abordados, el presentador y los comentaristas -todos destacados y conocidos colegas- coincidieron en una cierta mirada crítica con respecto al vínculo entre medios de comunicación (particularmente la televisión) y política.

El punto, si mal no recuerdo, era que los medios debilitan y convierten en superficial el ejercicio real de la acción colectiva ciudadana. Bajo la ilusión de estar más informados y de tener más posibilidades de control y fiscalización de la autoridad, los televidentes en realidad estaban cada vez más adormecidos y alienados. El fantasma que rondaba en aquella pequeña y encerrada sala del PNUD era el de la "farandulización de la política".

Con algo de afán provocador, un poco en broma pero sobre todo bastante en serio, me permití cuestionar esta tesis. Pregunté si acaso podría uno negar el radical efecto político a nivel del sentido común de las masas, de oír a una Adela Secall (por entonces nuevo ícono sensual de los chilenos por su personaje de la Gata en la teleserie "Los Pincheira") apoyando a la izquierda extraparlamentaria, o de ver al actor Daniel Alcaíno (Yerko Puchento) rescatando por televisión el legado de la fallecida dirigenta comunista Gladys Marín.

Pasan los años y sigo con la idea, la sospecha o la intuición de que algo hay en los medios masivos que de modo misterioso hace reflejar en ellos como en un espejo lo que es la sociedad, tanto en sus luces como en sus sombras. Y me parece que a veces en algunos círculos intelectuales se construye una única imagen de la TV sin nunca haber visto TV, del mismo modo que otros diseñan sistemas de transporte urbano sin nunca haber andado en micro. Así es fácil.

Pero a mí al menos, en este regreso a Santiago después de vacaciones, todo lo que veo por televisión, hasta lo más superficial, me parece hablar de política.

El Festival de Viña y Tomka Tomicic, sobre todo aquel día en que el "monstruo" de la Quinta Vergara la estuvo pifiando por más de una hora a ella y a Sergio Lagos, pidiendo el regreso al escenario de Ana Torroja, fue tal vez una metáfora más potente que cualquiera otra de la idea del "gobierno ciudadano" de Bachelet. Si el primer día los propios animadores invitaron al público a expresarse libre y abiertamente, luego cuando ello ocurrió de veras se vieron sobrepasados. ¿Suena a historia conocida?.


Y ojo que en las encuestas posteriores al hecho, el perdedor en términos de imagen fue Lagos (Sergio) y no Tomka (¿Bachelet?), que sigue siendo la reina indiscutida y más preferida para seguir de animadora del evento, por sobre Cecilia Bolocco. Y ojo también que aunque el público la quiere y la apoya, a quien pedía en el momento más álgido de la crisis era a "Antonio". ¿Quién sería el Vodanovic de la política chilena, como figura de autoridad? ¿tal vez Lagos (Ricardo)?

También por televisión, desde los hermosos parajes de Bariloche en Argentina, y luego desde el poblado precordillerano de Curarrehue en Chile, me enteré de las dificultades que enfrentan diversos "hijos de". Me dí cuenta, gracias a la televisión, que este tema se viene con fuerza, en todo sentido. El hijo de una diputada de derecha fue detenido en Pucón por sospechas de tráfico de drogas y la madre diputada acusó que lo estaban persiguiendo políticamente por el simple pecado de ser "hijo de" ella.


Casi simultáneamente el hijo de la Presidenta de la República en una entrevista a un diario habló de lo difícil que resulta ser "hijo de", especialmente cuando se trabaja en el sector público, porque todos sospechan automáticamente de sus reales méritos para ocupar el cargo. Un famoso cientista político nacional, calificado por Jordi Castell como un simple "opinólogo", respondió acusando una supuesta falta de méritos académicos del muchacho en cuestión. Y de ahí se saltó a la discusión por la obtención de becas para estudios de post-grado de numerosos "hijos de". A mi modo de ver son los fantasmas de la movilidad social y de la horizontalidad de los que he hablado antes, los que ahora han cobrado vida y exigen que se cumpla la palabra empeñada, de la cual Michelle es la punta de lanza. ¿Será capaz el país de asumirlo?.

En fin, todo esto gracias a los medios masivos. Es cierto que demasiada televisión atonta y que los programas no son de la mejor calidad. Pero también esa televisión, que es la que tenemos, permite muchas veces leer mejor el país que somos. Que hay políticos faránduleros, los hay. Y que hay faránduleros que se las dan de agudos analistas políticos, los hay (como por ejemplo, Pamela Jiles que lanzó una tontera tal como acusar a Gustavo Ceratti de hacer "un rock de derecha"... por favor !).


Pero no se saca nada con demonizar a los medios. En las últimas encuestas todos los sectores políticos bajan su adhesión y apoyo, señal de que es la clase política la que está mal evaluada en su conjunto. No sería raro entonces que surgieran nuevos tipos de liderazgo. Pero creo que éstos no surgirán de los actores sociales clásicos, ni de algún algún nuevo sujeto revolucionario o transformador, si hasta Silvio es ahora un producto de mercado, con una costosa entrada por verlo en el recital de Santiago.

La sorpresa a la que hay que estar atentos vendrá de los nuevos medios de comunicación, por ejemplo de la blogósfera, ¿por qué no? Al respecto, recomiendo lean ahora ya a Nicolás Copano.... y prender un rato la tele.

lunes, 24 de julio de 2006

Lo que Chile requiere: dar la mano al mundo

Aquí les presento dos imágenes de los últimos días, muy distintas entre sí, pero que sin embargo coinciden en señalar la forma en que Chile se debe relacionar con el resto del mundo.

La primera es una foto muy protocolar y muestra a la Presidenta Bachelet de Chile con el Presidente Kirchner de Argentina, reunidos en un encuentro bilateral en Córdoba, en el marco de la reciente cumbre de países del MERCOSUR.

Bolivia subió el precio del gas que exporta a Argentina. Y Argentina, por su parte, le subió el precio del gas que exporta a Chile. Hubo voces en mi país -especialmente de la derecha aunque también de otros sectores políticos- que inmediatamente exigieron mano dura al gobierno. Que había que ponerse los pantalones, que con Chile no se juega caramba, que los argentinos tales por cuales, que despertara el jaguar y esas huifas. Igual que saltaron al sólo incorporarse la palabra "Mar" a los diálogos bilaterales con el gobierno de Bolivia. Igual que saltan cada vez que tan sólo alguien osa mencionar la palabra Perú.

Pero lo cierto es que, por un lado, Chile paga un precio comparativamente bastante bajo por el gas que importa, y por otro, el gobierno argentino tiene el deber de velar en primer lugar por el bienestar de su propia población y luego -aunque nos pese- por el de sus países vecinos. Esto no me convierte a mí ni a nadie que sostenga lo mismo en un antipatriota, sino más bien impone un criterio mínimo de realidad a la relaciones internacionales. Lejos de arranques chovinistas y militaristas, lo que Chile necesita es dar la mano a sus vecinos, para conversar, negociar, defender sus intereses, reducir los costos internos de las medidas tomadas por otros países, pero sin olvidar el hogar o territorio común que habitamos (en esto podríamos aprender mucho de la experiencia de la Comunidad Europea).

La segunda es una foto de ayer domingo y muestra a un grupo familiar chileno residente en el Líbano, que llega al Aeropuerto de Pudahuel proveniente de Damasco, Siria, en el avión de la FACH que el gobierno puso a disposición de nuestros compatriotas (y también de ciudadanos de otros países latinoamericanos), para alejarlos del peligro de la guerra que ha lanzado el gobierno de Israel contra la población civil de su vecino país del norte.

Me impresiona sobretodo la expresión del niño con su bandera libanesa, mirando algo asombrado las siluetas de sus desconocidos familiares que lo ven llegar con emoción desde la distancia de la sala de espera del aeropuerto. Yo sé de viajes y sé de Retorno. Y aunque aparentemente el sentido del viaje es diferente, pues en mi caso el retorno fue desde la paz hacia la guerra sucia de Pinochet mientras en el caso de estas familias es desde otra guerra -también sucia- hacia la paz de Chile, adivino exactamente la misma emoción en los seres queridos que aguardan su llegada con impaciencia.

En medio de lo horrible de la guerra desproporcionada e inútil que ha lanzado Israel contra el Líbano, bello es el gesto de Chile de dar la mano a los que sufren. Y uno se queda con gusto a poco, pues son tantos cientos de miles los que permanecerán en ese país a pleno alcance de la barbarie, ante la total inoperancia de los organismos multilaterales, partiendo por la ONU. Pero algo es algo. En las buenas y en la malas, en la paz y en la guerra, dar la mano enaltece a Chile en el concierto internacional.

viernes, 23 de junio de 2006

Volver al colegio: el fin del conflicto estudiantil y los nuevos fantasmas de Chile

El martes de la semana pasada, los jóvenes secundarios chilenos volvieron a clases. En un acto de plena soberanía, en miles de liceos de todo el país los representantes de los alumnos hicieron entrega de las llaves de sus edificios escolares a sus profesores y directores.

Tras largos y agotadores días de protesta, los estudiantes pueden darse por satisfechos porque lograron lo que ningún otro movimiento social ciudadano había conseguido en todos estos años de democracia: incluir dentro de la agenda pública del país y del gobierno -y como una de las prioridades nacionales- un tema hasta antes ausente, el del derecho universal a una buena educación, sin discriminaciones ni desigualdades de ningún tipo.

Lo de "tema ausente" no es un mero decir, sino es cosa de revisar el Mensaje Presidencial al Congreso Pleno del 21 de Mayo pasado y constatarlo allí. O también el Programa de Gobierno de Michelle Bachelet, donde, si bien el tema de la educación en general tiene una presencia importante, las alusiones a la educación media o secundaria en particular son escasas.

Yo quiero aclarar que soy partidario de la Presidenta Bachelet (tal vez ni siquiera sea necesario decirlo, si ya han leído lo que escribí al fragor de la campaña presidencial en segunda vuelta). Creo que hay en ella un cercanía a los ciudadanos comunes y corrientes pocas veces vista en anteriores gobiernos. Y además -un tema nada menor- ha tenido gestos hacias las víctimas de violaciones a los derechos humanos que fueron anteriormente escasos. Pero así como destaco esto, también opino que los errores y falencias hay que reconocerlos. Hay que ver pues qué cosas puntuales se pueden aprender de este conflicto.

Un movimiento social de nuevo tipo

Primero, el movimiento de los estudiantes secundarios fue algo novedoso y original, algo no visto desde hace décadas. Yo entiendo que muchos, llevados por la emoción, hayan podido ver aquí elementos de continuidad con la lucha contra la dictadura de los
actores secundarios de los '80 -de algún modo, yo mismo incluido también, pero con matices-. Sin embargo, más allá de la evidente semejanza en cuanto a muchas de las demandas planteadas, e incluso en aspectos más "blandos" como la estética de las tomas, marchas y manifestaciones, son demasiadas las cosas inéditas que los jóvenes de hoy trajeron consigo, que me hacen pensar que, más que el ansiado retorno a algo que se quedó en el pasado y que en el presente sólo existe como documental, estamos ante el comienzo de algo nuevo:

- el uso de las nuevas tecnologías de información y comunicación (internet, blogs, fotologs, celulares),
- la organización interna de los estudiantes como una red horizontal de participantes voluntarios más que como una pirámide estructurada verticalmente,
- la manera en que los jóvenes toman sus decisiones internas (en asambleas masivas en vez de comisiones políticas o comités centrales integrados por elegidos),
- la forma de entender el rol de los líderes (como voceros que transmiten la opinión de la asamblea y pueden ser revocados por ésta en cualquier momento, en vez de los dirigentes que fijan pautas y marcan la línea a seguir por las masas),
- la autonomía de los partidos políticos en el origen, gestión y dirección del movimiento, y
- el excelente manejo comunicacional, especialmente frente al monstruo de la televisión, entre otros.

No es cosa de pensar entonces automáticamente que se viene en Chile una avalancha de protestas sociales de otros sectores. Por ejemplo, qué bien nos haría un movimiento para mejorar la calidad del sistema de salud chileno, especialmente público (y sé bien de qué hablo, por malas experiencias familiares al respecto...), pero no fue la sola existencia de la demanda y la sensibilidad ciudadana frente a un tema lo que le dio esa fuerza insospechada a la "revolución pingüina", sino ciertas características particulares del movimiento.


Errores en la gestión y el cierre del conflicto

Segundo, el gobierno no estaba preparado para enfrentar un movimiento de este tipo y de esta envergadura (a decir verdad, creo que casi nadie se lo imaginó de antemano). Esto queda patente, en primer lugar, por los problemas de "antena" con respecto a captar e interpretar correctamente las verdaderas motivaciones e inquietudes de los adolescentes chilenos al movilizarse, pero luego, por los problemas de actitud frente al movimiento, una vez que éste ya comenzó a crecer y extenderse por todo el país, en el sentido de no tomar debidamente en cuenta inicialmente a sus dirigentes y demandas e incluso mirarlos en menos de manera explícita o tácita. Punto aparte merecen los problemas de gestión del conflicto propiamente tal (pienso aquí en los cambios rápidos de posturas e interlocutores en poco tiempo frente a los estudiantes).


Hubo también, por ambos lados, dificultades para un adecuado "cierre del conflicto": los secundarios estiraron tal vez demasiado la cuerda movilizadora, con el costo de cansancio, desgaste y divisiones internas (pero bueno, a su favor, hay que decir que son muy jóvenes y en Chile había muy poca, por no decir nula, experiencia en este tipo de movilizaciones sociales), mientras que el gobierno entregó una respuesta a las demandas a través de la Presidenta de la República, pero dirigiéndose "al país" y no "a los estudiantes", que fueron quienes provocaron con su movimiento la respuesta gubernamental. Hubo aquí a mi juicio un problema de forma, pues todo conflicto sigue ciertos rituales implícitos, tanto para las etapas de antagonismo abierto como para las de negociación entre las partes, y requiere también de rituales de cierre o de "firma del armisticio", los cuales en este caso estuvieron ausentes ("esta propuesta la vamos a implementar les guste o no les guste", "es nuestra última palabra", etc...).

Más allá de que las demandas económicas de los estudiantes fueron acogidas en gran medida, y de que ya está instalado y en funcionamiento el Consejo Asesor Presidencial para la Educación con amplia representación de todos los sectores, incluidos los estudiantes, el problema de la "falta de ritual de cierre" del conflicto conlleva el riesgo implícito de que a futuro éste se vuelva a reabrir.

Los nuevos fantasmas de la sociedad chilena

Pero más allá de los aspectos puntuales del conflicto, sobre los cuales ya se han pronunciado numerosos opinólogos políticos, también podemos sacar ciertas conclusiones más de largo plazo sobre qué curso está siguiendo la sociedad chilena, si es que entendemos este movimiento como un síntoma de algo mayor.

A mi juicio, y parafraseando al viejo Carlitos Marx, dos fantasmas están rondando cada vez con mayor fuerza en estos últimos años por nuestro Chile, generando nuevas expectativas en la población. Se trata en todo caso de "fantasmas buenos", que no hacen daño y no debiesen provocar temor, pues sólo podrían ser pesadillas para grupos muy pequeños de privilegiados.

A. El fantasma de la horizontalidad:

Uno es el fantasma de la horizontalidad y el acceso fluido a los poderosos. Hace algunos meses sugerí que el principal cambio que representa Michelle Bachelet con respecto a Ricardo Lagos es de estilo y de estética: desde un hombre estadista, republicano, ilustrado y autoritario, hacia una mujer familiar, accesible, informal, que no se las sabe todas y que provoca un ánimo festivo espontáneo en las calles.

Pues bien, como muchas veces suele suceder, este cambio ya venía siendo anticipado desde hace algunos años en el ámbito de los medios de comunicación (pienso en los cambios en el prototipo de los lectores de noticias, periodistas y animadores, desde esquemas rígidos, acartonados, pauteados y distantes hacia programas sueltos, menos formateados, con más elementos emocionales y cercanos).

De alguna forma los pingüinos estuvieron en la cresta de esta ola social, al exigir de igual a igual, sin fijarse en protocolos ni en formalidades, primero, ser escuchados, luego, un diálogo directo con el Ministro, después, la intervención de la Presidenta de la República, y finalmente, la discusión de temas de fondo que afectan a a la educación chilena como la derogación de LOCE. Algunos los encontraron "patudos" o "subidos por el chorro" por esto, pero no se han dado cuenta que es la continuidad lógica de la propia expectativa social que la Presidenta Bachelet encarna.

B. El fantasma de la movilidad social:

- Y otro es el fantasma de la movilidad social. También hace algunos meses hablé sobre el fenómeno de la irrupción de personas de origen pobre en la esfera pública, ejemplificando con el cientista político Navia, el economista Contreras, la modelo Huilipán y el cantante Méndez. Se generó allí una interesante discusión acerca de cuán real es el fenómeno y cuán casuales y excepcionales -o no- eran los ejemplos que puse en esa columna. Es decir, si acaso esos son casos de movilidad social que ocurrieron "por" el modelo de sociedad imperante o en realidad fueron posibles "a pesar" de éste.

Como sea, el hecho de que emerjan en lugares destacados de la esfera pública nuevas caras y nuevos apellidos nada de vinagrosos, aunque sean pocos los casos, genera naturalmente una expectativa social en los grupos marginados y más vulnerables del país (¿por qué si ellos han podido surgir, nosotros no?). Y hay diferentes formas de canalizar esta pregunta.

Hasta ahora, lo predominante había sido la vía farandulera: niñas y niños pobres que buscaban surgir a través de un minuto de fama en un reality show, de un concurso de chicos con talento musical, llenando su cuerpo con silicona, jugando bien a la pelota o emparejándose con alguien que jugara bien a la pelota. Los pingüinos, en cierta medida, pueden ser vistos también como la cresta de esta ola social, pero en su versión no alienada ni estupidizante, y esto es pura ganancia para ellos y para el país.

Tengo la sensación de que frente a estos fenómenos sociales hay una actitud o una intuición de parte del gobierno, pero falta aún estructurar un discurso más comprehensivo. Algunos han hablado de que este gobierno se caracteriza por ofrecer una sumatoria de medidas concretas más que por entregar un "metarrelato" acerca de hacia dónde va Chile o hacia dónde se quisiera ir.

No sé si esto sea o no tan cierto, pero de serlo, a la luz de lo que he tratado de mostrar en este artículo, podría convertirse en un problema más adelante.

miércoles, 29 de marzo de 2006

El otoño de 1985


Esta historia no la leí ni me la contaron. La viví, la vivimos.

A fines de marzo de 1985 estábamos recién instalados en Santiago y me faltaban pocos días para cumplir 11 años.

El Alitalia que nos trajo de vuelta a Chile desde el viejo continente se había posado en septiembre de 1982 en el aeropuerto de Pudahuel, desde donde nos fuimos directamente a Viña del Mar, donde vivían mis abuelos. Fueron los calores, colores y olores de la provincia los que primero me ayudaron a construir la imagen de este país, al mismo tiempo mío pero desconocido.

Por eso, la noticia del cambio de casa a la gran metrópolis -por una combinación de motivos políticos y económicos- fue todo un suceso. Nos instalamos en un pequeño departamento cerca de las Torres de Carlos Antúnez y desde allí nos iríamos todas las mañanas en micro, con mi papá y la Eli, hacia nuestro nuevo colegio, el Latinoamericano de Integración.

Pero la mañana del viernes 29 de marzo nos fuimos solos con la Eli en la micro. Mi papá, que había sido contratado como profesor de castellano del Latino, se iría un poco más tarde, por algún motivo que no recuerdo. El viaje no tuvo nada de especial o diferente a los de otros días. Sólo un detalle nos llamó la atención por lo inusual para ser las 8:20 de la mañana (y de hecho recuerdo que lo comentamos ahí mismo con mi hermana): una micro de carabineros estacionada en la calle Los Leones, más o menos a la altura de Eleodoro Yañez.

Llegamos al colegio como siempre, a las 8:25 hrs. En la puerta nos recibió y saludó cariñosamente un profesor de bigotes, al que llamaban el Tío Manuel, quien recuerdo llevaba puesta una chaqueta de cuero negra y conversaba con algunos apoderados que iban llegando a dejar a sus hijos (en ese momento, como recién llegado al colegio, todavía no ubicaba bien a todos los profesores, pero este rostro me era más o menos familiar, pues siempre estaba en la puerta y saludaba al llegar en las mañanas). La Eli se fue a su sala y yo a la mía.

Entré a mi sala, que quedaba en el primer piso. Era la primera, la que estaba más cerca de la puerta de la calle y tenía colgado en una muralla un gran mapa de América del Sur. Saludé a algunos compañeros y compañeras, de los que estaba recién comenzando a hacerme amigo, me senté en mi puesto y la Tía Isabel comenzó con su clase de matemáticas a eso de las 8:30 u 8:35. Como hacía pocas semanas había sido el terremoto, yo estaba particularmente preocupado por una pequeña grieta que había quedado visiblemente marcada en el techo.

Y entonces ocurrió. Serían algo así como las 8:50 y se sienten gritos desde la calle. No escucho bien lo que dicen, pero parece ser una especie de pelea o forcejeo. Luego, tras unos minutos -o tal vez fueron segundos- una fuerte explosión. En mi vida había oído el sonido de un balazo, por lo que lo primero que pensé fue en una bomba. Y luego el fuerte chirrido de unos neumáticos en el pavimento y un automóvil que arranca a toda velocidad del lugar. Casi simultáneamente con esto, desde el cielo se siente el ruido muy cercano, casi rozando el techo del colegio, de un helicóptero policial.

La Tía Isabel se asoma a la ventana desde la esquina de la sala y su rostro se pone pálido. Yo no lo recuerdo, pero al parecer en un minuto nos dijo que nos cubriéramos bajo los escritorios. Alguna compañera de curso se pone a llorar (estoy casi seguro que fue la Magdalena) y luego el llanto se generaliza. La Tía Isabel nos pide disculpas, que esto no se debe hacer en una sala de clases, pero que le permitamos encender un cigarrillo y se larga a fumar, notoriamente nerviosa e impactada. Alguien dice "se llevaron al Tío Manuel!", "balearon al Tío Leo!", "se llevaron a otra persona de barba!". Y de aquí en adelante pierdo la noción del tiempo. Cada minuto era como una hora.
(Hace unos 2 años conversé por casualidad con una persona que me relató que vio el secuestro desde afuera, desde la calle. Estaba ese día en el paradero de la vereda del frente del Latino, con otras 3 ó 4 personas, esperando micro y extrañado de que no hubiera ningún flujo vehicular por Los Leones. De pronto, ve al otro lado de la calle a un grupo de personas subiendo a la fuerza a dos personas a un vehículo y disparando a otro sujeto. Le comenta a los demás que esperan micro que habría que dar aviso del hecho a alguien, pensando que había sido un asalto. Los otros le dicen que mejor haga como que no vio nada, que para qué meterse en problemas. Dieron la media vuelta y caminaron por El Vergel hacia el oriente)...
Recordé que mi papá iba a llegar un poco más tarde al colegio y a mi mente vino la historia que había escuchado de muy niño, de cuando en 1973 luego del golpe llegaron los marinos a encañonarlo, golpearlo y apresarlo en la sala de clases del Liceo de Valparaíso en que era profesor, frente a todos sus alumnos y a plena luz del día. De tan sólo pensar que pudieran habérselo llevado a él o que lo hubieran baleado, un nudo de angustia se formó en mi garganta. Años después, recordando ese día con compañeros y compañeras de curso de la época, me dí cuenta que no fui el único: muchos pensamos automáticamente en nuestros padres y madres. Y efectivamente la tragedia tocó a una de mis compañeras: había sido al papá de la Javiera -José Manuel- al que habían raptado junto con el Tío Manuel.

El colegio se llenó de periodistas. Un grupo de alumnos más grandes pintaron un lienzo que colgaron hacia la calle, con los rostros de Manuel y José Manuel y la palabra "SECUESTRADOS" escrita con grandes letras de color rojo. Nos llevaron hacia un patio interior del colegio y empezaron a llegar los apoderados para retirarnos. Nosotros nos fuimos al departamento de una amiga de mi papá (la Geca, mamá de la Fernanda) con instrucciones muy precisas: "No abran la puerta a ningún desconocido. Si se acercan carabineros a hacerles preguntas no respondan o digan que no saben nada".

Y así pasó esa tarde eterna. No recuerdo si dormimos allí o volvimos a casa. Pero al día siguiente estábamos todos en nuestro departamento cuando escuchamos por Radio Cooperativa la noticia del hallazgo de 3 cuerpos degollados cerca del Aeropuerto. Describieron sus vestimentas y luego, más tarde, dieron a conocer sus identidades: Manuel Guerrero Ceballos, José Manuel Parada Maluenda y Santiago Nattino Allende. El llanto estalló en casa. Le pregunto a la Tía Geca qué significa "degollados" y me lo explica. Horror.

Al día siguiente fueron los funerales masivos. Marcho con mis padres y la Eli por las calles del centro de Santiago, con muchísimo miedo, inmerso en una multitud de miles de personas. "¿Y si nos matan a todos a mansalva?", "¿Y si luego nos persiguen hasta la casa y nos hacen daño?".

Volvimos al colegio el lunes. No tuvimos clases y dedicamos la jornada a conversar sobre lo ocurrido y expresar nuestras emociones. Escribimos cartas para el Tío Leo, que estaba agonizando con una bala en el cuerpo en la Clínica Indisa. Y organizamos entre nosotros una mini revista, que llamamos "Ñiños por la Vida", para venderla y donar los fondos para su tratamiento y recuperación.

Esta es la historia de ese día, que queremos que NUNCA MÁS vuelva a ocurrir en nuestro país. Esto es lo que nos hace llenar de velas Los Leones 1401 todos los años. Y este horror es el que, a pesar de todo, se nos ha convertido en optimismo, en fé en el futuro, en compromiso social, en creatividad, en alegría, en amor.

jueves, 26 de enero de 2006

Del manteo a Ricardo Lagos al triunfo de Michelle Bachelet: ¿Qué cambió en la política chilena?

Hoy hace un calor infernal en Santiago. La temperatura esta semana ha oscilado entre los 34, 35 y hasta 36 grados celsius. Dan ganas de estar todo el día en la playa o la piscina. En cuanto a la política, también hay una sensación térmica de calor, en espera de conocerse los nombres de los integrantes del primer gabinete de la Presidenta Bachelet. Es un buen momento para refrescarnos con algunas reflexiones.

Por una ventaja superior a la esperada, la primera mujer Presidenta de Chile derrotó al candidato de la derecha. En una columna publicada en La Tercera, el economista Eduardo Engel planteó, en base a un análisis de los resultados a nivel de mesas, que "la mitad del incremento de votos de Bachelet entre la primera y segunda vuelta vino de votos de Hirsch, un cuarto de votos de Lavín y Piñera y el cuarto restante de quienes no votaron por ninguno de los candidatos en la primera vuelta". Agrega en su análisis que lo fundamental fue el voto de las mujeres y que los votos del Juntos Podemos no fueron determinantes, porque la ventaja de casi 500.000 votos sobre Piñera es más que los 370.000 votos que obtuvo Hirsch en primera vuelta.

Hay argumentos para todo, también uno podría retrucar que hubiera sido muy diferente como hecho político ganar por 1 punto de diferencia que por los 7 que finalmente se obtuvieron...

Pero la verdad es que esta discusión de expertos no me interesa tanto. Más me llama la atención lo que pasó ese día con la gente común y corriente. Para mi ojo sociológico, resulta más interesante tratar de comprender qué significado hay, no tras el triunfo de Michelle Bachelet en sí mismo, sino tras el verdadero carnaval de euforia popular espontánea que este triunfo gatilló.

En las calles de Santiago y de todo el país se vivió una fiesta multitudinaria. Intuía que algo así podía ocurrir, sobre todo después de asistir al acto de cierre de campaña de Michelle, donde me fue simplemente imposible acceder a la Alameda, por la cantidad de gente que había. Terminamos, con el grupo de compañeras de trabajo con las que andaba, sentándonos en una mesa en la vereda de un pub en la calle Lastarria, alegrando la tarde/noche con unas buenas cervezas y agitando a las masas que marchaban a nuestro rededor con canciones y gritos al por mayor.

El mismo día de la votación pasé la tarde en casa de unos familiares en la comuna de Macul. A las 18:30, cuando dieron el primer cómputo que ya confirmaba la ventaja irreversible de Bachelet, una ola de bocinazos espontáneos comenzó a inundar la calle, mientras la televisión informaba de miles de mujeres y hombres que comenzaban a tomarse la Alameda... como cuando ganó el No en octubre de 1988.

María Fernanda, que con sus ocho años ya comienza a expresar sus opiniones ciudadanas, me pidió una bandera para salir a celebrar con la gente. Y yo, el más bacheletista de todos, no tenía en ese momento el elemento que mi hija requería... salí pues a la sede del comando comunal que estaba a 2 cuadras y tras largas e infructuosas gestiones (porque me decían que ya no les quedaba nada de nada, pues la gente se había llevado todo), conseguí un colorido trozo de plástico con "Bachelet" estampado y un palo de escoba, con lo cual pude hacer realidad la ilusión de mi hijita.

En la noche nos fuimos en auto tocando la bocina, con nuestra bandera de confección artesanal agitada al viento por Marifer en el vidrio trasero, saludando a la multitud reunida en la Plaza Ñuñoa. Al día siguiente, al saludar a la gente de mi trabajo, pude notar una alegría especial en las mujeres.

Pero, las vueltas de la vida, el martes la alegría se convirtió en pena, al enterarme de la absurda partida de Malva Espinosa, colega socióloga y amiga de la Dirección del Trabajo, con quien colaboré en varios estudios sobre temas laborales y sindicales al salir de la Universidad. Esto me hizo pensar en otras mujeres que ya no están, como mis abuelas Olga y mi Nona Nena, a quienes también de algún modo pertenece este triunfo histórico de ver a una mujer encabezando el Estado.

¿Pero cómo se interpreta este triunfo? ¿Qué tendencias hay tras él?

Pensando al respecto, recordé una historia. En diciembre de 1992 yo estaba terminando mi primer año de universidad y en las elecciones para la FEUC (Federación de Estudiantes de la Universidad Católica) ganó en segunda vuelta, por primera vez en la historia, una lista encabezada por el militante socialista Fulvio Rossi (sí, el mismo que actualmente la prensa de espectáculos llama "el metrosexual de la Cámara de Diputados"). La lista de izquierda derrotó a la lista del gremialismo UDI y a la de la Democracia Cristiana.


Esto para la UC era un verdadero golpe histórico simbólico, puesto que desde los tiempos de la Reforma Universitaria a fines de los '60 nunca los estudiantes habían estado encabezados por un grupo de izquierda (bastante heterogéneo internamente, hay que decirlo, pero esa es otra historia).

La cosa es que la celebración fue en la Casa Central. Y yo, con esas ganas de pasar "momentos lindos", propias de todo joven universitario de primer año, partí con un grupo de amigos. La escena en el patio principal de la sede central de la universidad era bastante surrealista.

No sé cuántos seríamos... 500, tal vez 1.000... en un rincón del patio, un grupo de gente cantando a todo chancho canciones de Quilapayún, Inti-Illimani, Santiago del Nuevo Extremo, avivados por garrafas generosas que corrían de mano en mano... en otra esquina, banderas rojas, la mayoría de la Juventud Socialista, pero también alguna hoz y martillo por ahí... en otro lado, jóvenes más rockeros... y más allá, en las bancas del patio, estudiantes declarándose su amor... tambièn había otros individuos solitarios (uno que otro amigo) dormitando, claramente con la caña.

En una especie de mini-escenario improvisado, los miembros de la nueva directiva toman la palabra y agradecen a las masas estudiantiles su apoyo... por los parlantes suena el Venceremos, Un Amor Violento (de Los Tres), El Pueblo Unido y algo de Los Prisioneros... en el aire se siente el olor particular que arroja cierto tipo de hierba al quemarse...

En este panorama, de pronto un locutor anónimo anuncia que está por venir a saludar a la nueva directiva electa de la FEUC el pre-candidato presidencial de la Concertación, Ricardo Lagos. Ese año estaba compitiendo internamente con Eduardo Frei Ruiz-Tagle (quien finalmente fue el nominado) y se consideraba que los resultados de la Católica (un socialista derrotando a la DC y a la derecha) eran una señal favorable para esa coyuntura.

Repentinamente, el "Woodstock pontificio" que estaba teniendo lugar en la oscuridad se vio interrumpido por focos y cámaras de televisión a cargo de registrar este importante saludo.

Lo que nadie previó fue lo que sucedió luego.

Igual como lo hacen las luciérnagas en la noche, cientos de contertulios rodearon a Lagos, atraídos tal vez por la luz de los focos. Algún militante socialista comienza a gritar "Se siente, se siente, Lagos Presidente", pero otro alguien en medio de la multitud grita al mismo tiempo "Manteo a Lagos !". Las masas entendieron el mensaje y, tras seguir durante un rato muy corto el primer llamado, se vuelcan decididamente y con total entusiasmo a la segunda invitación. Unos toman las piernas de Ricardo, otros sus brazos. El pre-candidato se ve sobrepasado. Lo cierto es que todos se vieron sobrepasados. Pero nadie quiere hacerle daño, sólo dar rienda suelta a un impulso lúdico... y le empiezan (bueno, le empezamos...) a hacer un manteo !

"Uno", "dos", "tres", "cuatro", "cinco"... y así hasta llegar al "diez".

Luego, Ricardo Lagos se retiró en silencio, entre pasmado y sorpendido por la experiencia inédita e imprevista que acababa de vivir, y la fiesta en Casa Central continuó hasta el amanecer. Pero nada de esto apareció en la prensa. Sospecho que ningún asesor comunicacional de ese momento pensó que esto podía tener provecho electoral... o tal vez eran tiempos en que la gente quería un presidente fome y serio como Frei. O puede ser que el propio Lagos no quiso que esto trascendiera, pues su imaginario siempre ha sido el del Presidente emblema republicano, Hombre de Estado. Quien sabe...

Lo que me hizo pensar esta historia es que éste es justamente el verdadero cambio.

Vamos, no es que a Michelle uno vaya con un grupo de amigos a darle un manteo a La Moneda, pero perfectamente me la imaginaría contenta haciendo un trencito... y no sería nada grave. La condición de ser como cualquiera, el no sabérselas todas, una cierta dosis (aunque cada vez menor, lo que también es lógico) de informalidad... ese es el verdadero cambio, en cuanto a estilos, en cuanto a estética, que son aspectos no menores de la política moderna.

Por supuesto, sobre contenidos aún falta algún tiempo. Habrá que ver al nuevo gobierno en acción para poder dar una opinión más fundada, pero opino que no hay que mirar en menos lo que el espíritu festivo de la gente nos puede indicar.

jueves, 12 de enero de 2006

Cambio de planes: Una historia de navidad (Parte 2)

-"Bueno sí, efectivamente yo canto... ¿por qué?, ¿de qué se trata?", fue mi respuesta casi instantánea a la misteriosa voz que tenía al otro lado de la línea telefónica.
-"Lo que pasa es que todos los años en vísperas de navidad, en la compañía hay un coro de un Área que se reúne a cantar villancicos para todos los funcionarios. Este año queremos reforzar el coro con gente nueva de otras Áreas y hemos pensado en tí".

Terminada esta frase, hasta el momento la más larga de todo este inesperado diálogo, en cosa de segundos dos imágenes pasaron como relámpagos por mi mente. La primera, de septiembre de 1982. Un grupo de nuevos amigos y amigas chilenas, todos vecinos del barrio de Chorrillos, Viña del Mar, donde vivían mis abuelos nos dejan por debajo de la puerta de la casa una especie de invitación con un dibujo de un niño y una niña sonrientes, entrando a un templo religioso, y con un texto que decía "Pablo y Eli van a misa, los esperamos".

La segunda imagen es de fines de enero de 1993. Al terminar los Trabajos de Verano organizados ese año por la FEUC en la novena región, una compañera de mi comunidad con la que habíamos hecho buenas migas ("la Coco") me regala un cassette de música, en cuyo interior escrito a mano se leía el siguiente mensaje: "Pablo, se nota que el flaquito late en tí".

Probablemente esto no sea nada espectacular, si no es por que yo no soy católico y porque nunca tuve ni he tenido formación religiosa alguna, hasta el punto que -aunque muchos amigos míos se ríen o no les cabe en la cabeza- nunca en la vida he leído la Biblia. Entonces, ante tamañas invitaciones a abrir mi corazón al Señor, no es que me produjeran rechazo, sino que me ocurría algo más básico: no entendía ni jota de lo que me estaban hablando...

Esperé un segundo y le respondí a mi interlocutora:

-"Sí, por supuesto, no hay problema... sólo que espero que sean canciones que me sepa".
-"No te preocupes, tendremos una carpeta con las letras de las canciones impresas, muchas gracias, te pasaste. Te aviso cuando sean los ensayos", me respondió y con eso cerramos la conversación.

Y así vinieron varios días de ensayos y luego, el 22 de diciembre, la gran actuación gran, ante las máximas autoridades y todos los funcionarios -de planta y subcontratistas, ahora que está de moda- de mi pega, todos disfrutando y coreando al unísono las alabanzas al niño que nació en Belén, los recuerdos de los pastorcillos que querían ver a su Rey, historias extrañas como la de los peces en el río que bebían por ver a Dios nacido y otros versos relacionados.

Sí, me sentí un poco raro entonando estas canciones. Recordaba que siempre de niño me gustó la navidad y sus canciones, sólo que en Alemania el himno principal decía algo tan neutro como "Oh Tannenbaum, Oh Tannenbaum, wie grün sind deine blätter" (traducción literal, algo así como: "Oh Pino, Oh Pino, qué verdes son tus hojas"). Pero también me sentí algo reconfortado por poder participar, considerando además que -paradojas de la vida- hubo varios católicos que recibieron la misma llamada pero se excusaron de participar, mientras yo - el ateo oculto- accedía a colaborar.

Así comenzó mi navidad, con algo que para el 80% o quizás el 90% de los chilenos no tiene nada del otro mundo, pero que para mi fue una verdadera experiencia novedosa y revolucionaria en mi vida.

Un amigo me preguntaba cómo se iba a vincular el final de esta historia con la coyuntura política actual. Lamento desilusionarlo: no se relaciona de ningún modo... o tal vez sí. Pensándolo bien, siento que en la idea de país de Michelle Bachelet hay cabida para cosas raras, ideas alejadas del sentido común, enfoques poco convencionales como la de esta historia. En cambio, Sebastián Piñera y la derecha tal vez se reirían con esta historia o no la entenderían, porque en su visión de mundo las cosas sólo pueden ser en blanco y negro. Pero pensándolo bien de nuevo, tal vez esto sea estirar demasiado el chicle, no sé...

¿Alguno de ustedes ha tenido navidades diferentes o extrañas?

martes, 27 de diciembre de 2005

Michelle Bachelet: los desafíos de la segunda vuelta

Para mí está claro. Quiero que Michelle Bachelet sea la próxima Presidenta de Chile. En primera y en segunda vuelta. Tengo razones afectivas para mi opción.

Por su historia personal, por lo que representa como símbolo el pasar desde Villa Grimaldi -30 años atrás- al Palacio de La Moneda -hoy-. También porque vivió algunos años de su exilio en el mismo país y en la misma ciudad en la que pasé mi infancia, sin jamás renegar de ello, pese a que aquel país ya no existe ni existirá más que en mis recuerdos de niño y en los libros de historia. Además, porque de vuelta a Chile estuvo apoyando directamente, aún poniendo en riesgo su propia seguridad, a los hijos y familiares de las víctimas de la dictadura. Y luego, porque a pesar de su biografía y sin olvidarla, tuvo el coraje sobrepasar barreras y ayudar a construir país en ámbitos tan diversos como el de la Salud y la Defensa.

Sin embargo, aunque los afectos y la dimensión emotiva de la política tienden a jugar un rol cada vez más importante en prácticamente todas las sociedades contemporáneas, no puede dejarse de lado la dimensión más fría y cruda que sigue formando parte de su esencia: la política como lucha racional por el poder, en nombre de determinados proyectos o visiones de país.

Y aquí radican a mi juicio los principales desafíos o dilemas que se plantean en el escenario actual de segunda vuelta. Si se tratara de un asunto puramente aritmético la cosa sería fácil: Bachelet + Hirsch suman un pelo más que el 50%, mientras que Piñera + Lavín sólo llegan raspando al 49%. Pero mientras la racionalidad política de la campaña de Piñera es clara y unidireccional, la lógica de campaña de Michelle Bachelet es necesariamente diversa, heterogénea y en algunos aspectos potencialmente contradictoria.

Me explico.

Una vez que el candidato de la Alianza cuadró a la UDI y al pinochetismo detrás suyo, su campaña se asemeja a una "locomotora" que, partiendo desde la derecha, tiene su estación de destino claramente definida, casi como obsesión o idea fija: conquistar el centro. En función de este rumbo trazado se están movilizando todos los recursos humanos, financieros y comunicacionales de que disponen (que no son pocos), avivados por la música de fondo del pretendido "humanismo cristiano".

En cambio, la campaña de Michelle Bachelet tiene que avanzar en 5 direcciones distintas al mismo tiempo, cual gota de aceite vertida en una olla, que a partir de un determinado punto central va creciendo y ocupando espacios, esparciendo o derramándose "hacia afuera":

1. Consolidar el 45,9% de la primera vuelta y contener potenciales nuevas "fugas" de votantes moderados de centro, tentados de cruzar la vereda. A pesar de los ires y venires de la primera semana post 11 de diciembre, esto parece estarse logrando relativamente bien, luego de la incorporación plena a la campaña de todos los parlamentarios electos de la Concertación y de los dirigentes de las diferentes tendencias internas de la DC, además del mayor vínculo comunicacional entre Lagos y Bachelet.
2. Asegurar la mayor parte posible de la votación del Juntos Podemos (5,4%). Si bien el llamado a votar nulo -decisión absolutamente legítima aunque a mi juicio errada- de Tomás Hirsch y el Partido Humanista pareció complicar las cosas, el Partido Comunista está anunciando hoy día oficialmente el apoyo a Bachelet, tras una negociación que entre otras cosas dejó nuevamente en evidencia la injusticia del sistema electoral, que sigue excluyendo a un porcentaje significativo de la población (9% en las municipales 2004, 7% en las parlamentarias 2005, 5% en la presidencial 2005). Además, al fragor del debate, aparecieron también nuevos actores que podrían dinamizar a futuro la oferta política de la izquierda.
3. Crecer 1 ó 2 puntos porcentuales hacia votantes moderados o de centro que en primera vuelta apoyaron a parlamentarios de la Concertación y específicamente de la DC, pero prefieron a Piñera antes que a Bachelet. En el fondo se trata de recuperar votos que en primera vuelta "se fueron" hacia la derecha. Esto se ve como una de las tareas más difíciles, puesto que son personas que ya estuvieron frente a la disyuntiva y tomaron una opción, por lo que difílmente la reviertan en la segunda vuelta.

4. Explotar un cierto resquemor que puede haber quedado en alguna fracción mínima del electorado popular que votó por Lavín. Esto también es complejo, especialmente debido al rápido alineamiento de Lavín tras Piñera y a la disciplina y lealtad del votante UDI popular.
5. Por último -y esto es para mí es lo que puede definir la elección- conquistar a personas que no votaron en la primera vuelta (abstención + blancos + nulos suman cerca de 1.200.000 personas), convencerlos de votar en segunda, y de votar Bachelet. Este es un trabajo complejo, por la heterogeneidad de la población potencial a convencer y por su posible menor funcionamiento en base a lógicas de alineamiento político tradicional.

Si a mí, en este escenario, me hicieran la clásica pregunta leninista de "¿Qué Hacer?", diría que junto con salir a terreno o a las calles, reforzar el trabajo persona a persona que cada uno de nosotros puede hacer en sus respectivos ámbitos y círculos de amistad, trabajo y vida, y junto con vincular más claramente a Bachelet con el apoyo de que goza en la mayor parte de la ciudadanía la Concertación y el gobierno de Lagos, es preciso reafirmar comunicacional y discursivamente en estas 3 semanas que quedan, ciertas claves de identidad de Michelle.


Y en esto no habría que reinventar la rueda ni encasillar a la candidata en trajes forzados, sino recurrir a algo mucho más simple: las claves de identidad que hay en su propia historia, a partir de las cuales se puede convocar a múltiples y diversos grupos de la población. Éstas, a mi juicio, serían: 1. fuerte compromiso con la igualdad y la justicia social pero también con la diversidad, 2. audacia para romper esquemas y cruzar barreras sin renunciar a la propia historia (por ejemplo, irse a estudiar Defensa en Estados Unidos), 3. capacidad de implementar políticas públicas con alto apoyo ciudadano.

Se trata, creo yo, de tomar la iniciativa en este corto tiempo y marcar con claridad por qué Michelle Bachelet es la alternativa adecuada para Chile y por qué es capaz de congregar a grupos humanos tan heterogéneos en torno a un proyecto común de futuro. Hasta ahora, para mi gusto, esto no ha quedado lo suficientemente claro, pero es perfectamente posible de hacerse.