Se acabó. No va más. Por voluntad del pueblo, ganó Piñera y se acabaron 20 años de Concertación.
No fueron los nulos y blancos, como se pensó hacia el final de la campaña de Frei. Éstos de hecho disminuyeron en relación a la primera vuelta. Habrá que agradecerles a quienes, con todas sus críticas, pudiendo haber anulado o votado en blanco terminaron votando por Frei. La derrota pudo ser mayor.
Tampoco ganó Piñera simplemente reproduciendo los votos históricos de la derecha. De hecho, obtiene la votación más alta de su sector en todos los años desde el retorno de la democracia. Más que el Sí en 1988, más que Lavín en 1999, más que el mismo Piñera + Lavín en la primera vuelta del 2005.
Considerando que el padrón electoral no ha variado en lo sustantivo en 20 años, la única explicación lógica es que personas que siempre habían votado Concertación, esta vez rompieron el tabú y cruzaron la vereda dando su voto a quien nunca antes se lo habían dado.
¿Se derechizó la gente? ¿Hubo traición a principios? No. Más bien Piñera supo conquistar a este segmento volátil mejor que Frei: quinientos mil del millón cuatrocientos de Marco Enríquez-Ominami se fueron hacia su alternativa. La crítica al estilo de gestión política de los partidos de la Concertación tuvo mayor peso que los fantasmas de un regreso del pinochetismo al poder.
En medio de la tristeza de ayer, quise salir a observar en terreno para tratar de comprender mejor. Cerca de las 19:00 hrs. tomé mi auto y enfilé anónimamente por Vespucio hacia Escuela Militar. Los tacos y bocinazos de la gente anticipan lo que viene más adelante: miles de personas en sus autos avanzando hacia el centro. El 90% con banderas chilenas, el 10% restante con bandera con el rostro de Piñera estampado. El ambiente es como de celebración familiar de un triunfo de la selección. No veo banderas de la UDI ni de RN, tampoco de Pinochet. La Escuela Militar misma está tranquila y en silencio, no hay soldados celebrando.
Bajo por Apoquindo hacia Providencia y en el trayecto la caravana es cada vez más grande. Yo, que estoy sólo de observador etnográfico, me salgo de la pista principal y unos cabros jóvenes de un auto del lado se dan cuenta que voy con la cara larga y sin bandera y me echan la talla "ese parece que votó por Frei jajajajaja". No hay agresividad ni violencia y la escena hasta a mí me da risa, entre nerviosa y picada. Banderas y banderas chilenas pueblan el panorama.
"¡Esto es una celebración de pura gente linda!" pienso para mis adentros, cuando justo por Radio Cooperativa se escucha la voz de Pablo Longueira entrevistado, explicando que a su juicio esta victoria hubiera sido imposible sin el trabajo persistente de más de 25 años de la UDI en el mundo poblacional. Son los votos populares los que permiten que la derecha haya avanzado y eso es obra de la UDI, escondida durante la campaña pero más conciente de su rol histórico que nunca. "Lo peor" -pienso en silencio y resignado- "es que tiene razón", mientras afuera de mi auto las familias de clase alta siguen celebrando.
Llego hasta Manuel Montt y enfilo de regreso hacia Ñuñoa. A ver cómo está la cosa en territorio sabatista. Acá la calle está vacía. O bien los festejos se concentran en el eje Apoquindo/Providencia, o bien en estas calles votaron por Frei, o bien la gente está disfrutando de un domingo familiar en sus casas. Tomo Campo de Deportes hasta Grecia y en el sector del Estadio Nacional es lo mismo. Un día relativamente normal, con algunos bocinazos y banderas chilenas aisladas. Acá debe haber ganado Piñera, pero o la gente ya partió al centro a celebrar o están tranquilos en sus casas.
En Grecia con Doctor Johow doblo hacia Plaza Ñuñoa. En la plaza cientos de parejas jóvenes miran felices a sus hijos e hijas jugando, como un domingo cualquiera, completamente ajenos al devenir electoral. No se ven ni tristes ni contentos, este parece ser un día cualquiera. Hago entonces el cálculo mental y me lo explico. Piñera logró más de 3 millones y medio de votos, pero hay 4 millones de no inscritos y cerca de 1 millón de inscritos que no votaron.
Volví a casa después de este pequeño tour con las misma pena que salí, pero con algunas lecciones. A quien le interese hacer o participar en política: hay un mundo "allá afuera" de nuestras propias historias, de nuestros propios dolores, de nuestra propia identidad. Por un lado, el adversario no es el que creíamos: Piñera no es Pinochet. Por otro lado, hacer política implicará cada vez más sintonizar con aquellos que no les interesa la política.
Para la izquierda y lo que se ha dado en llamar "el progresismo", esto significará elaborar discursos distintos de los tradicionales, tanto para hacer oposición como para volver a retomar la fuerza social perdida en estos años.
De todo un poco... relatos, historias, artículos, opiniones, crónicas, análisis, visiones, enfoques, ideas para los amigos, Chile y el mundo.
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lunes, 18 de enero de 2010
lunes, 11 de enero de 2010
Segunda vuelta Frei-Piñera: en la recta final de un fin de ciclo
Quedan 6 días para una elección que, sea cual sea el resultado, marcará un antes y un después en la política nacional, mientras por lado y lado se queman los últimos cartuchos.
La franja televisiva de Piñera es como la franja de Lavín el '99 ("viva el cambio"), pero con la alegría, masividad y colores del No el '88, más una estética que recuerda películas gringas epopéyicas tipo "El día de la independencia" o similares. También destaca por su absoluta ausencia de símbolos, banderas o dirigentes políticos. La sensación climática es fuertemente triunfalista y marcadamente "apolítica", con ciertos guiños focalizados hacia el mundo popular y el "meoismo" joven.
La franja de Frei, en tanto, juega a tres bandas. Por un lado, es más íntima, muestra al candidato como alguien cercano, un abuelo cariñoso revolcado en el suelo, camisa afuera y chasconeado, en definitiva un "ser humano" (referencia estética al estilo Bachelet). Por el otro, es más política. Si bien renueva rostros, no oculta banderas ni militancias y hace un llamado abierto a arratistas y marquistas de primera vuelta, marcando diferencias explícitas con un eventual gobierno de Piñera ("la derecha no"). Finalmente, es más orgullosa de su pasado, reivindicando los avances y logros de los gobiernos de la Concertación.
Sin embargo, esta disputa parece tener poco interés para la población, como lo reflejan el rating de la franja televisiva de primera vuelta (más bajo que para la elección del 2005) y el del balotaje (más bajo a su vez que el rating de diciembre 2009).
Explicaciones para esto pueden haber varias, pero la más evidente es que en los últimos 20 años la cantidad de votos válidos en las presidenciales se ha mantenido estable en cerca de 7 millones, pero mientras en 1989 éstos representaban más del 90% de la población mayor de 18 años, hoy día apenas corresponden a algo menos del 60%. Hay cerca de 4 millones de no inscritos, al rededor de 1 millón de inscritos que se excusan y casi 300 mil que votaron en blanco o anularon.
Fuente: Votos de primera mayoría, válidos y total de votantes, www.elecciones.gob.cl (datos primera vuelta); Número de inscritos en los registros electorales, www.servel.cl; Número de personas mayores de 18 años, www.ine.cl. Para efectos del gráfico las cifras exactas se aproximaron a múltiplos de 10.000.
Por su parte, quienes sí votarán en su gran mayoría probablemente ya tienen su voto decidido. En esto, el propio estancamiento del padrón permite anticipar tendencias de comportamiento electoral.
Así, es posible prever desde ya que Piñera puede aumentar su votación de primera vuelta en más o menos 300 mil votos, acercándose a la suma de Lavín+Piñera en la primera vuelta 2005 (3.370.000). Principalmente este crecimiento vendrá de votantes marquistas que votaron por candidatos a parlamentarios de la derecha, del PRI o independientes. Frei, en tanto puede crecer de manera "natural" casi 1.200.000 votos (acercándose a 3.250.000), considerando casi la totalidad de los arratistas más los marquistas que ya votaron por candidatos a diputados de la Concertación/Juntos Podemos Más y una parte de los optaron por diputados independientes y del pacto Chile Limpio.
Fuente: Estimación propia en base a resultados generales, www.elecciones.gob.cl (datos primera vuelta). Para efectos del gráfico las cifras exactas se aproximaron a múltiplos de 10.000.
¿Qué dicen estos datos? Primero, que la elección se disputará voto a voto. Segundo, que Piñera lleva una leve ventaja aunque en ningún caso es definitiva. En cualquier caso, el resultado final se definirá en los márgenes.
Para Frei y las fuerzas que quieren (queremos) impedir el triunfo de la derecha, los votos claves para superar a Piñera pueden encontrarse en dos segmentos:
- Primero, el "marquismo duro". Marco ha señalado que Frei debe convencerlo no a él sino a los 1.400.000 que votaron por él. En realidad, el target es áun más restringido: son los 300.000 que votaron por Marco y por candidatos a diputado del pacto Nueva Mayoría. Dado que el PH declaró libertad de acción a sus votantes, pueden jugar un rol clave las señales que den candidatos emblemáticos como Esteban Maturana, Marcelo Trivelli, Álvaro Escobar y Esteban Valenzuela, además por cierto del propio Marco.
- Segundo, lo que podríamos llamar la "izquierda escéptica". Ésta corresponde a cerca de 200.000 personas que en su mayoría votaron por Marco (aunque también algunos por Arrate) pero anularon el voto en las elecciones parlamentarias.
Dado este escenario, si bien la perfomance electoral global de Frei será completa responsabilidad de los aciertos y errores de la Concertación y fuerzas aliadas, no pudiendo achacársele responsabilidad a nadie más en esto, se da la paradoja de que el resultado final en términos de quien gane y quien pierda, dada la estrechez de la disputa, probablemente esté en manos de las decisiones que adopten los votantes más críticos frente al estado actual de nuestro sistema político.
Es esperable que los piñeristas los interpelen con mensajes de cambio y crítica hacia quienes han gobernado en los últimos 20 años, pero despojados de todo tono "político" que pudiera hacer recordar que su base de apoyo es la derecha. Por el contrario, es también esperable que los freistas busquen "politizar" la disputa en la recta final, marcando claramente la línea divisoria que separa a los sectores que lucharon por la democracia de aquellos que representan el legado actualizado del régimen de Pinochet.
¿Con qué sintoniza más el electorado chileno hoy en día, ya transcurridos 20 años del fin de la dictadura de Pinochet? Sólo se sabrá a ciencia cierta al terminar de contar el último voto en la noche del 17 de enero. Lo que es claro es que, si ninguno de los dos bandos logra seducirlos de aquí al jueves, lo más probable es que esos votantes terminarán absteniéndose o bien votando blanco o nulo. Y si ese es el caso, lamentablemente los dados podrían estar ya echados.
Pero todo puede pasar en estos últimos días de campaña...
La franja televisiva de Piñera es como la franja de Lavín el '99 ("viva el cambio"), pero con la alegría, masividad y colores del No el '88, más una estética que recuerda películas gringas epopéyicas tipo "El día de la independencia" o similares. También destaca por su absoluta ausencia de símbolos, banderas o dirigentes políticos. La sensación climática es fuertemente triunfalista y marcadamente "apolítica", con ciertos guiños focalizados hacia el mundo popular y el "meoismo" joven.
La franja de Frei, en tanto, juega a tres bandas. Por un lado, es más íntima, muestra al candidato como alguien cercano, un abuelo cariñoso revolcado en el suelo, camisa afuera y chasconeado, en definitiva un "ser humano" (referencia estética al estilo Bachelet). Por el otro, es más política. Si bien renueva rostros, no oculta banderas ni militancias y hace un llamado abierto a arratistas y marquistas de primera vuelta, marcando diferencias explícitas con un eventual gobierno de Piñera ("la derecha no"). Finalmente, es más orgullosa de su pasado, reivindicando los avances y logros de los gobiernos de la Concertación.
Sin embargo, esta disputa parece tener poco interés para la población, como lo reflejan el rating de la franja televisiva de primera vuelta (más bajo que para la elección del 2005) y el del balotaje (más bajo a su vez que el rating de diciembre 2009).
Explicaciones para esto pueden haber varias, pero la más evidente es que en los últimos 20 años la cantidad de votos válidos en las presidenciales se ha mantenido estable en cerca de 7 millones, pero mientras en 1989 éstos representaban más del 90% de la población mayor de 18 años, hoy día apenas corresponden a algo menos del 60%. Hay cerca de 4 millones de no inscritos, al rededor de 1 millón de inscritos que se excusan y casi 300 mil que votaron en blanco o anularon.
Fuente: Votos de primera mayoría, válidos y total de votantes, www.elecciones.gob.cl (datos primera vuelta); Número de inscritos en los registros electorales, www.servel.cl; Número de personas mayores de 18 años, www.ine.cl. Para efectos del gráfico las cifras exactas se aproximaron a múltiplos de 10.000.Por su parte, quienes sí votarán en su gran mayoría probablemente ya tienen su voto decidido. En esto, el propio estancamiento del padrón permite anticipar tendencias de comportamiento electoral.
Así, es posible prever desde ya que Piñera puede aumentar su votación de primera vuelta en más o menos 300 mil votos, acercándose a la suma de Lavín+Piñera en la primera vuelta 2005 (3.370.000). Principalmente este crecimiento vendrá de votantes marquistas que votaron por candidatos a parlamentarios de la derecha, del PRI o independientes. Frei, en tanto puede crecer de manera "natural" casi 1.200.000 votos (acercándose a 3.250.000), considerando casi la totalidad de los arratistas más los marquistas que ya votaron por candidatos a diputados de la Concertación/Juntos Podemos Más y una parte de los optaron por diputados independientes y del pacto Chile Limpio.
Fuente: Estimación propia en base a resultados generales, www.elecciones.gob.cl (datos primera vuelta). Para efectos del gráfico las cifras exactas se aproximaron a múltiplos de 10.000.¿Qué dicen estos datos? Primero, que la elección se disputará voto a voto. Segundo, que Piñera lleva una leve ventaja aunque en ningún caso es definitiva. En cualquier caso, el resultado final se definirá en los márgenes.
Para Frei y las fuerzas que quieren (queremos) impedir el triunfo de la derecha, los votos claves para superar a Piñera pueden encontrarse en dos segmentos:
- Primero, el "marquismo duro". Marco ha señalado que Frei debe convencerlo no a él sino a los 1.400.000 que votaron por él. En realidad, el target es áun más restringido: son los 300.000 que votaron por Marco y por candidatos a diputado del pacto Nueva Mayoría. Dado que el PH declaró libertad de acción a sus votantes, pueden jugar un rol clave las señales que den candidatos emblemáticos como Esteban Maturana, Marcelo Trivelli, Álvaro Escobar y Esteban Valenzuela, además por cierto del propio Marco.
- Segundo, lo que podríamos llamar la "izquierda escéptica". Ésta corresponde a cerca de 200.000 personas que en su mayoría votaron por Marco (aunque también algunos por Arrate) pero anularon el voto en las elecciones parlamentarias.
Dado este escenario, si bien la perfomance electoral global de Frei será completa responsabilidad de los aciertos y errores de la Concertación y fuerzas aliadas, no pudiendo achacársele responsabilidad a nadie más en esto, se da la paradoja de que el resultado final en términos de quien gane y quien pierda, dada la estrechez de la disputa, probablemente esté en manos de las decisiones que adopten los votantes más críticos frente al estado actual de nuestro sistema político.
Es esperable que los piñeristas los interpelen con mensajes de cambio y crítica hacia quienes han gobernado en los últimos 20 años, pero despojados de todo tono "político" que pudiera hacer recordar que su base de apoyo es la derecha. Por el contrario, es también esperable que los freistas busquen "politizar" la disputa en la recta final, marcando claramente la línea divisoria que separa a los sectores que lucharon por la democracia de aquellos que representan el legado actualizado del régimen de Pinochet.
¿Con qué sintoniza más el electorado chileno hoy en día, ya transcurridos 20 años del fin de la dictadura de Pinochet? Sólo se sabrá a ciencia cierta al terminar de contar el último voto en la noche del 17 de enero. Lo que es claro es que, si ninguno de los dos bandos logra seducirlos de aquí al jueves, lo más probable es que esos votantes terminarán absteniéndose o bien votando blanco o nulo. Y si ese es el caso, lamentablemente los dados podrían estar ya echados.
Pero todo puede pasar en estos últimos días de campaña...
viernes, 26 de octubre de 2007
Adiós Lenin, La Vida de los Otros y la película de mi infancia
Los que tengan más o menos mi edad y hayan estudiado en el colegio durante los '80, probablemente identifiquen en el mapa de la izquierda a "Alemania" o "Deutschland" como la mancha amarilla. La parte roja seguramente la conozcan como la "Alemania Comunista", la "Zona Soviética de Ocupación", la "Alemania del Este" o la "Alemania Oriental".Bueno, fue justo ahí, en ese que de seguro para ustedes es "el lado oscuro de la luna" (porque finalmente las visiones del mundo se van creando y reproduciendo desde muy temprano en el sistema escolar), donde yo nací y viví hasta casi los 9 años de edad, en la República Democrática Alemana. La ciudad donde viví, Potsdam, quedaba justo debajo del punto amarillo de la derecha (por ese entonces, Berlín Occidental), cerquita del Muro.
Me ha pasado a veces que cuando cuento esto, me miran con una expresión mezcla de sorpresa y compasión y luego me preguntan "¿fue muy duro vivir ahí?", "¿lo pasaban muy mal?", "¿echabas de menos la libertad?". Siempre respondo con mucha sinceridad lo mismo. Sólo tengo recuerdos positivos de mi vida en la infancia allá y mentiría si dijera algo negativo.
¿Y el muro? Yo lo recuerdo como una larga pandereta blanca que simplemente estaba allí y marcaba la frontera con "el otro lado". También recuerdo algún paseo en bote con una amiga alemana de mis padres, por los canales que cruzan Potsdam, adentrándonos en unos paisajes bellísimos rodeados de bosques, hasta que de pronto en medio del agua nos topamos con un letrero que decía en alemán "Atención, Ud. está cerca de la frontera donde acaba la RDA y comienza Westberlin". Hasta ahí se llegaba y había que dar media vuelta. Pero estos recuerdos infantiles para mi no están cargados de connotación dramática, simplemente son un dato de la causa.
Por cierto, en general no es esto lo que mis interlocutores esperan recibir de respuesta, ni es tal vez lo "políticamente correcto" (que en este caso sería criticar, a lo Carlos Cerda o a lo Roberto Ampuero), pero qué le voy a hacer, es la más pura verdad que recuerdo y no puedo traicionar mi propia experiencia de vida, que me indica que allí fui profundamente feliz.
Por eso, cuando ví "Good Bye Lenin" me sentí de inmediato identificado con el esfuerzo de Alex por inventar una historia que no desilusione a su madre -comunista convencida que cae en estado de coma y luego despierta cuando la RDA ya ha sido absorbida por Alemania Occidental-. En una parte, al final de la película, él comenta que le hubiera gustado que la farsa que construyó -un montaje televisivo con el que la convence de que los alemanes occidentales han demolido el muro para huir en masa hacia el "paraiso socialista"- hubiera sido el verdadero final de la historia de la división de Alemania.
Esto que les cuento no obsta, sin embargo, a que me haya impactado fuertemente la película "La Vida de los Otros". Para los que no la hayan visto, no les contaré la trama, pero se muestra de alguna forma la otra cara de la moneda: cómo el régimen socialista estuvo basado en gran medida en estructuras ocultas de control, seguimiento y espionaje de la población. Es lamentable ver la realidad de las víctimas, de los disidentes, de los artistas, en fin, de quienes no se ajustaban al 100% a la ortodoxia del Partido.
Yo les digo, por un lado, no es esta la RDA que conocí. Por otro lado, la historia siempre es escrita por los vencedores, quienes de este modo expían sus propios pecados achacando todos los males de la tierra al chivo expiatorio del derrotado. Así fue con Erich Honecker, recibido con honores de Jefe de Estado en 1987 por Helmut Kohl y luego encarcelado unos pocos años después por su mismo antiguo anfitrión. Así está siendo con el Palacio de la República, ex-sede de gobierno de la RDA, en proceso de demolición desde hace varios años.
Como sea, el tema es complejo y me provoca preguntas y sensaciones contradictorias.
¿Hubiera sido posible construir una sociedad socialista sin recurrir a estos mecanismos de control social? Pienso que sí. ¿El hecho de querer construir una sociedad más justa y más igualitaria justifica los medios empleados? Sin duda no. ¿Por otro lado, existe algún país del mundo que no recurra a estos dispositivos, a veces de manera más sutil, por ejemplo, a través de las nuevas tecnologías? En mi opinión, no; cualquier Estado moderno, por definición, aplica mecanismos de control en base al monopolio de la fuerza que le ha sido asignado. ¿Y qué queda en la actualidad como sustrato cultural en los habitantes de la antigua DDR? ¿Qué lecciones se sacan entonces de esta experiencia histórica?
Yo digo que para responder de modo más definitivo estas preguntas se requiere de tiempo y de distancia. Y se requiere también de coraje para reconocer errores, pero también para reconocer méritos. Pero eso quedará para los historiadores, y sobretodo, para los propios alemanes.
Por mi parte, sólo queda ser fiel a mi recuerdo y aportar con mi testimonio honesto y transparente de niño chileno criado al amparo de esas tierras solidarias. Por eso, me alegré cuando Chile dio asilo humanitario a Honecker para pasar sus últimos meses de vida, y estuve con amigos de mi misma edad entre los cientos de chilenos que lo fueron a esperar al aeropuerto. Otra vez, tengo la sensación de que esto no es lo que muchos esperarían leer, pero es la verdad de lo que siento... y de eso se tratan los blogs, ¿no? Conversémoslo.
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Imagen tomada de http://www.fesi.franken.de/meinewelt/flaggen/loc/loc_ddr.gif
martes, 28 de agosto de 2007
El poder de los prejuicios
Me dicen que hace mucho frío, que estuvo bien con la nieve de mi blog, pero que ya, después de tantos días inactivo, venir aquí te congela. Y yo respondo lo que es cierto, que hay mucha pega, muchas cosas de trabajo que terminar, que hay poco tiempo...Pero al final, igual vuelvo. Y hay hartas cosas que decir, pero no todas alcanzan en un solo post, re-encuentros personales históricos, el pasado que se aparece en el presente, reflexiones sobre la nueva canción chilena, pensamientos sobre el mundo, la guerra fría que se acabó, otros temas varios, pero no todo cabe...
Así que vuelvo con dos relatos cortos y una reflexión final sobre los prejuicios, que nació a partir de algo que leí hace algunos días en el blog de Paz/Cita.
Cuisama, Chile, Julio de 1993.
El mismo camino que conduce a Pisagua hacia la costa, lleva a Camiña hacia el altiplano. Hace 14 años participé allí como jefe de comunidad de Trabajos Voluntarios de Inverno de la FEUC. Y claro, estos trabajos son para ayudar a las personas, familias y comunidades del lugar, pero para el universitario que va, junto con poner en práctica su espíritu solidario, es también una ocasión de conocer gente... y bueno, chicas (o viceversa). Y la chica que enganché ahí terminó siendo mi señora, Andrea.
Una noche, dentro de las múltiples actividades que realizamos, invitamos a miembros de la comunidad local a compartir con nosotros, los universitarios de Santiago que alojábamos todos apretados en sacos de dormir sobre el suelo de la Escuela de Cuisama.
Yo, como jefe de la comunidad, me largué con un speach sobre la importancia del respeto a la diversidad cultural, la necesidad de asegurar como país una plena integración en igualdad de condiciones de los pueblos originarios, sobre las injusticias de la discriminación, y sobre las virtudes de aprender, como santiaguinos, de la riqueza de la experiencia histórica del pueblo aymara, del profundo orgullo que sentíamos estos universitarios "ponticuicos" de poder estar compartiendo la forma de vida de estos compatriotas tan olvidados por el poder central.
Entonces, le ofrecí la palabra a quien parecía ser un líder o representante de los habitantes del pueblo. Para introducirlo, le pregunté algo así como "qué se sentía ser aymara en un país como Chile". Guardó silencio por unos segundos, nos miró con calma y lo primero que nos dijo fue "¿Y quien les dijo que yo soy aymara?... si yo soy chileno igual que ustedes...".
Paris, Francia, Noviembre de 2002.
A fines de ese año, se me dio la posibilidad de volver a Europa después de 20 años. No volví a mi Alemania, pero sí pude volver a recorrer Francia, que tal vez fue mi primera parada existencial en el viejo continente (en la barriga de mi madre), y unos años después se me quedaría en la memoria al pasar un, a estas alturas, ya viejo año nuevo.
Lo primero que hice, al llegar a Paris e instalarme en el departamento donde alojaría, fue salir a buscar algún teléfono desde dónde llamar a Chile para avisar que había llegado bien, sano y salvo. En otras palabras, "marcar tarjeta"...
Caminé por el Boulevard de Belleville, era un día sábado por la tarde ya anocheciendo, y miraba las vitrinas de los locales -verdulerías, restaurantes, bazares, almacenes de inmigrantes en su mayoría asiáticos- todos cerrados... había algunas cabinas telefónicas en la calle, pero yo no tenía tarjetas para llamadas de larga distancia... caminé y caminé hasta encontrarme con un local de llamadas telefónicas de larga distancia y abierto !
Me asomé al interior y ví que los locatarios eran africanos. Entonces pensé "aquí estoy salvado... somos hermanos tercermundistas perdidos en una metrópolis europea, ajena... somos hermanos explotados y discriminados por el gran capital franco-europeo... ellos me ayudarán...!". Le dije amablemente al señor que estaba en la caja (que me explicó que era inmigrante ghanés), "je suis chilienne de América Latina", quiero llamar a a mi casa, cómo se hace, cual es el código que hay que marcar, cuánto cuesta el minuto de llamada... me miró seriamente y me respondió en francés algo así como "ahhh... yo no sé, no es mi problema, si no sabes cómo llamar arréglatelas solo, no estoy aquí para ayudarte..."
Aprendizajes.
Si los lentes facilitan la visión de las cosas para aquellas personas con la visión corta o borrosa, entonces no es una buena metáfora hablar -como algunos hacen- de los prejuicios como si fueran anteojeras.
Por el contrario, los prejuicios son conceptos arraigados en nuestra mente antes de enfrentarnos a personas, objetos o situaciones determinadas, sobre las que ya tenemos ideas preconfiguradas a priori. Así, en vez de ayudarnos a ver mejor, nos impiden ver la realidad tal como es. Podrían ser tal vez unos lentes, pero muy sucios.
Los prejuicios siempre tienden a verse como opiniones negativas a priori, sobre algo o alguien, pero, por lo visto, también pueden ser prejuicios positivos. Ni los unos ni los otros ayudan mucho, a fin de cuentas. La realidad siempre te pega portazos en la cara. Y no es la realidad la equivocada, sino tú.
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(Foto tomada prestada desde http://tonificante.blogia.com/)
martes, 13 de marzo de 2007
Tormenta de ideas sobre farándula, política y la aparición de marzo
Hace algunos años asistí a un pequeño foro-debate sobre el Informe de Desarrollo Humano en Chile del año 2004, titulado "El poder: ¿para qué y para quien?. Entre múltiples y diversos temas abordados, el presentador y los comentaristas -todos destacados y conocidos colegas- coincidieron en una cierta mirada crítica con respecto al vínculo entre medios de comunicación (particularmente la televisión) y política.El punto, si mal no recuerdo, era que los medios debilitan y convierten en superficial el ejercicio real de la acción colectiva ciudadana. Bajo la ilusión de estar más informados y de tener más posibilidades de control y fiscalización de la autoridad, los televidentes en realidad estaban cada vez más adormecidos y alienados. El fantasma que rondaba en aquella pequeña y encerrada sala del PNUD era el de la "farandulización de la política".
Con algo de afán provocador, un poco en broma pero sobre todo bastante en serio, me permití cuestionar esta tesis. Pregunté si acaso podría uno negar el radical efecto político a nivel del sentido común de las masas, de oír a una Adela Secall (por entonces nuevo ícono sensual de los chilenos por su personaje de la Gata en la teleserie "Los Pincheira") apoyando a la izquierda extraparlamentaria, o de ver al actor Daniel Alcaíno (Yerko Puchento) rescatando por televisión el legado de la fallecida dirigenta comunista Gladys Marín.
Pasan los años y sigo con la idea, la sospecha o la intuición de que algo hay en los medios masivos que de modo misterioso hace reflejar en ellos como en un espejo lo que es la sociedad, tanto en sus luces como en sus sombras. Y me parece que a veces en algunos círculos intelectuales se construye una única imagen de la TV sin nunca haber visto TV, del mismo modo que otros diseñan sistemas de transporte urbano sin nunca haber andado en micro. Así es fácil.
Pero a mí al menos, en este regreso a Santiago después de vacaciones, todo lo que veo por televisión, hasta lo más superficial, me parece hablar de política.
El Festival de Viña y Tomka Tomicic, sobre todo aquel día en que el "monstruo" de la Quinta Vergara la estuvo pifiando por más de una hora a ella y a Sergio Lagos, pidiendo el regreso al escenario de Ana Torroja, fue tal vez una metáfora más potente que cualquiera otra de la idea del "gobierno ciudadano" de Bachelet. Si el primer día los propios animadores invitaron al público a expresarse libre y abiertamente, luego cuando ello ocurrió de veras se vieron sobrepasados. ¿Suena a historia conocida?.
Y ojo que en las encuestas posteriores al hecho, el perdedor en términos de imagen fue Lagos (Sergio) y no Tomka (¿Bachelet?), que sigue siendo la reina indiscutida y más preferida para seguir de animadora del evento, por sobre Cecilia Bolocco. Y ojo también que aunque el público la quiere y la apoya, a quien pedía en el momento más álgido de la crisis era a "Antonio". ¿Quién sería el Vodanovic de la política chilena, como figura de autoridad? ¿tal vez Lagos (Ricardo)?
También por televisión, desde los hermosos parajes de Bariloche en Argentina, y luego desde el poblado precordillerano de Curarrehue en Chile, me enteré de las dificultades que enfrentan diversos "hijos de". Me dí cuenta, gracias a la televisión, que este tema se viene con fuerza, en todo sentido. El hijo de una diputada de derecha fue detenido en Pucón por sospechas de tráfico de drogas y la madre diputada acusó que lo estaban persiguiendo políticamente por el simple pecado de ser "hijo de" ella.
Casi simultáneamente el hijo de la Presidenta de la República en una entrevista a un diario habló de lo difícil que resulta ser "hijo de", especialmente cuando se trabaja en el sector público, porque todos sospechan automáticamente de sus reales méritos para ocupar el cargo. Un famoso cientista político nacional, calificado por Jordi Castell como un simple "opinólogo", respondió acusando una supuesta falta de méritos académicos del muchacho en cuestión. Y de ahí se saltó a la discusión por la obtención de becas para estudios de post-grado de numerosos "hijos de". A mi modo de ver son los fantasmas de la movilidad social y de la horizontalidad de los que he hablado antes, los que ahora han cobrado vida y exigen que se cumpla la palabra empeñada, de la cual Michelle es la punta de lanza. ¿Será capaz el país de asumirlo?.
En fin, todo esto gracias a los medios masivos. Es cierto que demasiada televisión atonta y que los programas no son de la mejor calidad. Pero también esa televisión, que es la que tenemos, permite muchas veces leer mejor el país que somos. Que hay políticos faránduleros, los hay. Y que hay faránduleros que se las dan de agudos analistas políticos, los hay (como por ejemplo, Pamela Jiles que lanzó una tontera tal como acusar a Gustavo Ceratti de hacer "un rock de derecha"... por favor !).
Pero no se saca nada con demonizar a los medios. En las últimas encuestas todos los sectores políticos bajan su adhesión y apoyo, señal de que es la clase política la que está mal evaluada en su conjunto. No sería raro entonces que surgieran nuevos tipos de liderazgo. Pero creo que éstos no surgirán de los actores sociales clásicos, ni de algún algún nuevo sujeto revolucionario o transformador, si hasta Silvio es ahora un producto de mercado, con una costosa entrada por verlo en el recital de Santiago.
La sorpresa a la que hay que estar atentos vendrá de los nuevos medios de comunicación, por ejemplo de la blogósfera, ¿por qué no? Al respecto, recomiendo lean ahora ya a Nicolás Copano.... y prender un rato la tele.
lunes, 24 de julio de 2006
Lo que Chile requiere: dar la mano al mundo
Aquí les presento dos imágenes de los últimos días, muy distintas entre sí, pero que sin embargo coinciden en señalar la forma en que Chile se debe relacionar con el resto del mundo.
La primera es una foto muy protocolar y muestra a la Presidenta Bachelet de Chile con el Presidente Kirchner de Argentina, reunidos en un encuentro bilateral en Córdoba, en el marco de la reciente cumbre de países del MERCOSUR.
Bolivia subió el precio del gas que exporta a Argentina. Y Argentina, por su parte, le subió el precio del gas que exporta a Chile. Hubo voces en mi país -especialmente de la derecha aunque también de otros sectores políticos- que inmediatamente exigieron mano dura al gobierno. Que había que ponerse los pantalones, que con Chile no se juega caramba, que los argentinos tales por cuales, que despertara el jaguar y esas huifas. Igual que saltaron al sólo incorporarse la palabra "Mar" a los diálogos bilaterales con el gobierno de Bolivia. Igual que saltan cada vez que tan sólo alguien osa mencionar la palabra Perú.
Pero lo cierto es que, por un lado, Chile paga un precio comparativamente bastante bajo por el gas que importa, y por otro, el gobierno argentino tiene el deber de velar en primer lugar por el bienestar de su propia población y luego -aunque nos pese- por el de sus países vecinos. Esto no me convierte a mí ni a nadie que sostenga lo mismo en un antipatriota, sino más bien impone un criterio mínimo de realidad a la relaciones internacionales. Lejos de arranques chovinistas y militaristas, lo que Chile necesita es dar la mano a sus vecinos, para conversar, negociar, defender sus intereses, reducir los costos internos de las medidas tomadas por otros países, pero sin olvidar el hogar o territorio común que habitamos (en esto podríamos aprender mucho de la experiencia de la Comunidad Europea).
La segunda es una foto de ayer domingo y muestra a un grupo familiar chileno residente en el Líbano, que llega al Aeropuerto de Pudahuel proveniente de Damasco, Siria, en el avión de la FACH que el gobierno puso a disposición de nuestros compatriotas (y también de ciudadanos de otros países latinoamericanos), para alejarlos del peligro de la guerra que ha lanzado el gobierno de Israel contra la población civil de su vecino país del norte.
Me impresiona sobretodo la expresión del niño con su bandera libanesa, mirando algo asombrado las siluetas de sus desconocidos familiares que lo ven llegar con emoción desde la distancia de la sala de espera del aeropuerto. Yo sé de viajes y sé de Retorno. Y aunque aparentemente el sentido del viaje es diferente, pues en mi caso el retorno fue desde la paz hacia la guerra sucia de Pinochet mientras en el caso de estas familias es desde otra guerra -también sucia- hacia la paz de Chile, adivino exactamente la misma emoción en los seres queridos que aguardan su llegada con impaciencia.
En medio de lo horrible de la guerra desproporcionada e inútil que ha lanzado Israel contra el Líbano, bello es el gesto de Chile de dar la mano a los que sufren. Y uno se queda con gusto a poco, pues son tantos cientos de miles los que permanecerán en ese país a pleno alcance de la barbarie, ante la total inoperancia de los organismos multilaterales, partiendo por la ONU. Pero algo es algo. En las buenas y en la malas, en la paz y en la guerra, dar la mano enaltece a Chile en el concierto internacional.
La primera es una foto muy protocolar y muestra a la Presidenta Bachelet de Chile con el Presidente Kirchner de Argentina, reunidos en un encuentro bilateral en Córdoba, en el marco de la reciente cumbre de países del MERCOSUR.Bolivia subió el precio del gas que exporta a Argentina. Y Argentina, por su parte, le subió el precio del gas que exporta a Chile. Hubo voces en mi país -especialmente de la derecha aunque también de otros sectores políticos- que inmediatamente exigieron mano dura al gobierno. Que había que ponerse los pantalones, que con Chile no se juega caramba, que los argentinos tales por cuales, que despertara el jaguar y esas huifas. Igual que saltaron al sólo incorporarse la palabra "Mar" a los diálogos bilaterales con el gobierno de Bolivia. Igual que saltan cada vez que tan sólo alguien osa mencionar la palabra Perú.
Pero lo cierto es que, por un lado, Chile paga un precio comparativamente bastante bajo por el gas que importa, y por otro, el gobierno argentino tiene el deber de velar en primer lugar por el bienestar de su propia población y luego -aunque nos pese- por el de sus países vecinos. Esto no me convierte a mí ni a nadie que sostenga lo mismo en un antipatriota, sino más bien impone un criterio mínimo de realidad a la relaciones internacionales. Lejos de arranques chovinistas y militaristas, lo que Chile necesita es dar la mano a sus vecinos, para conversar, negociar, defender sus intereses, reducir los costos internos de las medidas tomadas por otros países, pero sin olvidar el hogar o territorio común que habitamos (en esto podríamos aprender mucho de la experiencia de la Comunidad Europea).
La segunda es una foto de ayer domingo y muestra a un grupo familiar chileno residente en el Líbano, que llega al Aeropuerto de Pudahuel proveniente de Damasco, Siria, en el avión de la FACH que el gobierno puso a disposición de nuestros compatriotas (y también de ciudadanos de otros países latinoamericanos), para alejarlos del peligro de la guerra que ha lanzado el gobierno de Israel contra la población civil de su vecino país del norte.Me impresiona sobretodo la expresión del niño con su bandera libanesa, mirando algo asombrado las siluetas de sus desconocidos familiares que lo ven llegar con emoción desde la distancia de la sala de espera del aeropuerto. Yo sé de viajes y sé de Retorno. Y aunque aparentemente el sentido del viaje es diferente, pues en mi caso el retorno fue desde la paz hacia la guerra sucia de Pinochet mientras en el caso de estas familias es desde otra guerra -también sucia- hacia la paz de Chile, adivino exactamente la misma emoción en los seres queridos que aguardan su llegada con impaciencia.
En medio de lo horrible de la guerra desproporcionada e inútil que ha lanzado Israel contra el Líbano, bello es el gesto de Chile de dar la mano a los que sufren. Y uno se queda con gusto a poco, pues son tantos cientos de miles los que permanecerán en ese país a pleno alcance de la barbarie, ante la total inoperancia de los organismos multilaterales, partiendo por la ONU. Pero algo es algo. En las buenas y en la malas, en la paz y en la guerra, dar la mano enaltece a Chile en el concierto internacional.
viernes, 23 de junio de 2006
Volver al colegio: el fin del conflicto estudiantil y los nuevos fantasmas de Chile
El martes de la semana pasada, los jóvenes secundarios chilenos volvieron a clases. En un acto de plena soberanía, en miles de liceos de todo el país los representantes de los alumnos hicieron entrega de las llaves de sus edificios escolares a sus profesores y directores.Tras largos y agotadores días de protesta, los estudiantes pueden darse por satisfechos porque lograron lo que ningún otro movimiento social ciudadano había conseguido en todos estos años de democracia: incluir dentro de la agenda pública del país y del gobierno -y como una de las prioridades nacionales- un tema hasta antes ausente, el del derecho universal a una buena educación, sin discriminaciones ni desigualdades de ningún tipo.
Lo de "tema ausente" no es un mero decir, sino es cosa de revisar el Mensaje Presidencial al Congreso Pleno del 21 de Mayo pasado y constatarlo allí. O también el Programa de Gobierno de Michelle Bachelet, donde, si bien el tema de la educación en general tiene una presencia importante, las alusiones a la educación media o secundaria en particular son escasas.
Yo quiero aclarar que soy partidario de la Presidenta Bachelet (tal vez ni siquiera sea necesario decirlo, si ya han leído lo que escribí al fragor de la campaña presidencial en segunda vuelta). Creo que hay en ella un cercanía a los ciudadanos comunes y corrientes pocas veces vista en anteriores gobiernos. Y además -un tema nada menor- ha tenido gestos hacias las víctimas de violaciones a los derechos humanos que fueron anteriormente escasos. Pero así como destaco esto, también opino que los errores y falencias hay que reconocerlos. Hay que ver pues qué cosas puntuales se pueden aprender de este conflicto.
Un movimiento social de nuevo tipo
Primero, el movimiento de los estudiantes secundarios fue algo novedoso y original, algo no visto desde hace décadas. Yo entiendo que muchos, llevados por la emoción, hayan podido ver aquí elementos de continuidad con la lucha contra la dictadura de los actores secundarios de los '80 -de algún modo, yo mismo incluido también, pero con matices-. Sin embargo, más allá de la evidente semejanza en cuanto a muchas de las demandas planteadas, e incluso en aspectos más "blandos" como la estética de las tomas, marchas y manifestaciones, son demasiadas las cosas inéditas que los jóvenes de hoy trajeron consigo, que me hacen pensar que, más que el ansiado retorno a algo que se quedó en el pasado y que en el presente sólo existe como documental, estamos ante el comienzo de algo nuevo:
- el uso de las nuevas tecnologías de información y comunicación (internet, blogs, fotologs, celulares),
- la organización interna de los estudiantes como una red horizontal de participantes voluntarios más que como una pirámide estructurada verticalmente,
- la manera en que los jóvenes toman sus decisiones internas (en asambleas masivas en vez de comisiones políticas o comités centrales integrados por elegidos),
- la forma de entender el rol de los líderes (como voceros que transmiten la opinión de la asamblea y pueden ser revocados por ésta en cualquier momento, en vez de los dirigentes que fijan pautas y marcan la línea a seguir por las masas),
- la autonomía de los partidos políticos en el origen, gestión y dirección del movimiento, y
- el excelente manejo comunicacional, especialmente frente al monstruo de la televisión, entre otros.
No es cosa de pensar entonces automáticamente que se viene en Chile una avalancha de protestas sociales de otros sectores. Por ejemplo, qué bien nos haría un movimiento para mejorar la calidad del sistema de salud chileno, especialmente público (y sé bien de qué hablo, por malas experiencias familiares al respecto...), pero no fue la sola existencia de la demanda y la sensibilidad ciudadana frente a un tema lo que le dio esa fuerza insospechada a la "revolución pingüina", sino ciertas características particulares del movimiento.
Errores en la gestión y el cierre del conflicto
Segundo, el gobierno no estaba preparado para enfrentar un movimiento de este tipo y de esta envergadura (a decir verdad, creo que casi nadie se lo imaginó de antemano). Esto queda patente, en primer lugar, por los problemas de "antena" con respecto a captar e interpretar correctamente las verdaderas motivaciones e inquietudes de los adolescentes chilenos al movilizarse, pero luego, por los problemas de actitud frente al movimiento, una vez que éste ya comenzó a crecer y extenderse por todo el país, en el sentido de no tomar debidamente en cuenta inicialmente a sus dirigentes y demandas e incluso mirarlos en menos de manera explícita o tácita. Punto aparte merecen los problemas de gestión del conflicto propiamente tal (pienso aquí en los cambios rápidos de posturas e interlocutores en poco tiempo frente a los estudiantes).
Hubo también, por ambos lados, dificultades para un adecuado "cierre del conflicto": los secundarios estiraron tal vez demasiado la cuerda movilizadora, con el costo de cansancio, desgaste y divisiones internas (pero bueno, a su favor, hay que decir que son muy jóvenes y en Chile había muy poca, por no decir nula, experiencia en este tipo de movilizaciones sociales), mientras que el gobierno entregó una respuesta a las demandas a través de la Presidenta de la República, pero dirigiéndose "al país" y no "a los estudiantes", que fueron quienes provocaron con su movimiento la respuesta gubernamental. Hubo aquí a mi juicio un problema de forma, pues todo conflicto sigue ciertos rituales implícitos, tanto para las etapas de antagonismo abierto como para las de negociación entre las partes, y requiere también de rituales de cierre o de "firma del armisticio", los cuales en este caso estuvieron ausentes ("esta propuesta la vamos a implementar les guste o no les guste", "es nuestra última palabra", etc...).
Más allá de que las demandas económicas de los estudiantes fueron acogidas en gran medida, y de que ya está instalado y en funcionamiento el Consejo Asesor Presidencial para la Educación con amplia representación de todos los sectores, incluidos los estudiantes, el problema de la "falta de ritual de cierre" del conflicto conlleva el riesgo implícito de que a futuro éste se vuelva a reabrir.
Los nuevos fantasmas de la sociedad chilena
Pero más allá de los aspectos puntuales del conflicto, sobre los cuales ya se han pronunciado numerosos opinólogos políticos, también podemos sacar ciertas conclusiones más de largo plazo sobre qué curso está siguiendo la sociedad chilena, si es que entendemos este movimiento como un síntoma de algo mayor.
A mi juicio, y parafraseando al viejo Carlitos Marx, dos fantasmas están rondando cada vez con mayor fuerza en estos últimos años por nuestro Chile, generando nuevas expectativas en la población. Se trata en todo caso de "fantasmas buenos", que no hacen daño y no debiesen provocar temor, pues sólo podrían ser pesadillas para grupos muy pequeños de privilegiados.
A. El fantasma de la horizontalidad:
Uno es el fantasma de la horizontalidad y el acceso fluido a los poderosos. Hace algunos meses sugerí que el principal cambio que representa Michelle Bachelet con respecto a Ricardo Lagos es de estilo y de estética: desde un hombre estadista, republicano, ilustrado y autoritario, hacia una mujer familiar, accesible, informal, que no se las sabe todas y que provoca un ánimo festivo espontáneo en las calles.
Pues bien, como muchas veces suele suceder, este cambio ya venía siendo anticipado desde hace algunos años en el ámbito de los medios de comunicación (pienso en los cambios en el prototipo de los lectores de noticias, periodistas y animadores, desde esquemas rígidos, acartonados, pauteados y distantes hacia programas sueltos, menos formateados, con más elementos emocionales y cercanos).
De alguna forma los pingüinos estuvieron en la cresta de esta ola social, al exigir de igual a igual, sin fijarse en protocolos ni en formalidades, primero, ser escuchados, luego, un diálogo directo con el Ministro, después, la intervención de la Presidenta de la República, y finalmente, la discusión de temas de fondo que afectan a a la educación chilena como la derogación de LOCE. Algunos los encontraron "patudos" o "subidos por el chorro" por esto, pero no se han dado cuenta que es la continuidad lógica de la propia expectativa social que la Presidenta Bachelet encarna.
B. El fantasma de la movilidad social:
- Y otro es el fantasma de la movilidad social. También hace algunos meses hablé sobre el fenómeno de la irrupción de personas de origen pobre en la esfera pública, ejemplificando con el cientista político Navia, el economista Contreras, la modelo Huilipán y el cantante Méndez. Se generó allí una interesante discusión acerca de cuán real es el fenómeno y cuán casuales y excepcionales -o no- eran los ejemplos que puse en esa columna. Es decir, si acaso esos son casos de movilidad social que ocurrieron "por" el modelo de sociedad imperante o en realidad fueron posibles "a pesar" de éste.
Como sea, el hecho de que emerjan en lugares destacados de la esfera pública nuevas caras y nuevos apellidos nada de vinagrosos, aunque sean pocos los casos, genera naturalmente una expectativa social en los grupos marginados y más vulnerables del país (¿por qué si ellos han podido surgir, nosotros no?). Y hay diferentes formas de canalizar esta pregunta.
Hasta ahora, lo predominante había sido la vía farandulera: niñas y niños pobres que buscaban surgir a través de un minuto de fama en un reality show, de un concurso de chicos con talento musical, llenando su cuerpo con silicona, jugando bien a la pelota o emparejándose con alguien que jugara bien a la pelota. Los pingüinos, en cierta medida, pueden ser vistos también como la cresta de esta ola social, pero en su versión no alienada ni estupidizante, y esto es pura ganancia para ellos y para el país.
Tengo la sensación de que frente a estos fenómenos sociales hay una actitud o una intuición de parte del gobierno, pero falta aún estructurar un discurso más comprehensivo. Algunos han hablado de que este gobierno se caracteriza por ofrecer una sumatoria de medidas concretas más que por entregar un "metarrelato" acerca de hacia dónde va Chile o hacia dónde se quisiera ir.
No sé si esto sea o no tan cierto, pero de serlo, a la luz de lo que he tratado de mostrar en este artículo, podría convertirse en un problema más adelante.
jueves, 26 de enero de 2006
Del manteo a Ricardo Lagos al triunfo de Michelle Bachelet: ¿Qué cambió en la política chilena?
Hoy hace un calor infernal en Santiago. La temperatura esta semana ha oscilado entre los 34, 35 y hasta 36 grados celsius. Dan ganas de estar todo el día en la playa o la piscina. En cuanto a la política, también hay una sensación térmica de calor, en espera de conocerse los nombres de los integrantes del primer gabinete de la Presidenta Bachelet. Es un buen momento para refrescarnos con algunas reflexiones.
Por una ventaja superior a la esperada, la primera mujer Presidenta de Chile derrotó al candidato de la derecha. En una columna publicada en La Tercera, el economista Eduardo Engel planteó, en base a un análisis de los resultados a nivel de mesas, que "la mitad del incremento de votos de Bachelet entre la primera y segunda vuelta vino de votos de Hirsch, un cuarto de votos de Lavín y Piñera y el cuarto restante de quienes no votaron por ninguno de los candidatos en la primera vuelta". Agrega en su análisis que lo fundamental fue el voto de las mujeres y que los votos del Juntos Podemos no fueron determinantes, porque la ventaja de casi 500.000 votos sobre Piñera es más que los 370.000 votos que obtuvo Hirsch en primera vuelta.
Hay argumentos para todo, también uno podría retrucar que hubiera sido muy diferente como hecho político ganar por 1 punto de diferencia que por los 7 que finalmente se obtuvieron...
Pero la verdad es que esta discusión de expertos no me interesa tanto. Más me llama la atención lo que pasó ese día con la gente común y corriente. Para mi ojo sociológico, resulta más interesante tratar de comprender qué significado hay, no tras el triunfo de Michelle Bachelet en sí mismo, sino tras el verdadero carnaval de euforia popular espontánea que este triunfo gatilló.
En las calles de Santiago y de todo el país se vivió una fiesta multitudinaria. Intuía que algo así podía ocurrir, sobre todo después de asistir al acto de cierre de campaña de Michelle, donde me fue simplemente imposible acceder a la Alameda, por la cantidad de gente que había. Terminamos, con el grupo de compañeras de trabajo con las que andaba, sentándonos en una mesa en la vereda de un pub en la calle Lastarria, alegrando la tarde/noche con unas buenas cervezas y agitando a las masas que marchaban a nuestro rededor con canciones y gritos al por mayor.
El mismo día de la votación pasé la tarde en casa de unos familiares en la comuna de Macul. A las 18:30, cuando dieron el primer cómputo que ya confirmaba la ventaja irreversible de Bachelet, una ola de bocinazos espontáneos comenzó a inundar la calle, mientras la televisión informaba de miles de mujeres y hombres que comenzaban a tomarse la Alameda... como cuando ganó el No en octubre de 1988.
María Fernanda, que con sus ocho años ya comienza a expresar sus opiniones ciudadanas, me pidió una bandera para salir a celebrar con la gente. Y yo, el más bacheletista de todos, no tenía en ese momento el elemento que mi hija requería... salí pues a la sede del comando comunal que estaba a 2 cuadras y tras largas e infructuosas gestiones (porque me decían que ya no les quedaba nada de nada, pues la gente se había llevado todo), conseguí un colorido trozo de plástico con "Bachelet" estampado y un palo de escoba, con lo cual pude hacer realidad la ilusión de mi hijita.
En la noche nos fuimos en auto tocando la bocina, con nuestra bandera de confección artesanal agitada al viento por Marifer en el vidrio trasero, saludando a la multitud reunida en la Plaza Ñuñoa. Al día siguiente, al saludar a la gente de mi trabajo, pude notar una alegría especial en las mujeres.
Pero, las vueltas de la vida, el martes la alegría se convirtió en pena, al enterarme de la absurda partida de Malva Espinosa, colega socióloga y amiga de la Dirección del Trabajo, con quien colaboré en varios estudios sobre temas laborales y sindicales al salir de la Universidad. Esto me hizo pensar en otras mujeres que ya no están, como mis abuelas Olga y mi Nona Nena, a quienes también de algún modo pertenece este triunfo histórico de ver a una mujer encabezando el Estado.
¿Pero cómo se interpreta este triunfo? ¿Qué tendencias hay tras él?
Pensando al respecto, recordé una historia. En diciembre de 1992 yo estaba terminando mi primer año de universidad y en las elecciones para la FEUC (Federación de Estudiantes de la Universidad Católica) ganó en segunda vuelta, por primera vez en la historia, una lista encabezada por el militante socialista Fulvio Rossi (sí, el mismo que actualmente la prensa de espectáculos llama "el metrosexual de la Cámara de Diputados"). La lista de izquierda derrotó a la lista del gremialismo UDI y a la de la Democracia Cristiana.
Esto para la UC era un verdadero golpe histórico simbólico, puesto que desde los tiempos de la Reforma Universitaria a fines de los '60 nunca los estudiantes habían estado encabezados por un grupo de izquierda (bastante heterogéneo internamente, hay que decirlo, pero esa es otra historia).
La cosa es que la celebración fue en la Casa Central. Y yo, con esas ganas de pasar "momentos lindos", propias de todo joven universitario de primer año, partí con un grupo de amigos. La escena en el patio principal de la sede central de la universidad era bastante surrealista.
No sé cuántos seríamos... 500, tal vez 1.000... en un rincón del patio, un grupo de gente cantando a todo chancho canciones de Quilapayún, Inti-Illimani, Santiago del Nuevo Extremo, avivados por garrafas generosas que corrían de mano en mano... en otra esquina, banderas rojas, la mayoría de la Juventud Socialista, pero también alguna hoz y martillo por ahí... en otro lado, jóvenes más rockeros... y más allá, en las bancas del patio, estudiantes declarándose su amor... tambièn había otros individuos solitarios (uno que otro amigo) dormitando, claramente con la caña.
En una especie de mini-escenario improvisado, los miembros de la nueva directiva toman la palabra y agradecen a las masas estudiantiles su apoyo... por los parlantes suena el Venceremos, Un Amor Violento (de Los Tres), El Pueblo Unido y algo de Los Prisioneros... en el aire se siente el olor particular que arroja cierto tipo de hierba al quemarse...
En este panorama, de pronto un locutor anónimo anuncia que está por venir a saludar a la nueva directiva electa de la FEUC el pre-candidato presidencial de la Concertación, Ricardo Lagos. Ese año estaba compitiendo internamente con Eduardo Frei Ruiz-Tagle (quien finalmente fue el nominado) y se consideraba que los resultados de la Católica (un socialista derrotando a la DC y a la derecha) eran una señal favorable para esa coyuntura.
Repentinamente, el "Woodstock pontificio" que estaba teniendo lugar en la oscuridad se vio interrumpido por focos y cámaras de televisión a cargo de registrar este importante saludo.
Lo que nadie previó fue lo que sucedió luego.
Igual como lo hacen las luciérnagas en la noche, cientos de contertulios rodearon a Lagos, atraídos tal vez por la luz de los focos. Algún militante socialista comienza a gritar "Se siente, se siente, Lagos Presidente", pero otro alguien en medio de la multitud grita al mismo tiempo "Manteo a Lagos !". Las masas entendieron el mensaje y, tras seguir durante un rato muy corto el primer llamado, se vuelcan decididamente y con total entusiasmo a la segunda invitación. Unos toman las piernas de Ricardo, otros sus brazos. El pre-candidato se ve sobrepasado. Lo cierto es que todos se vieron sobrepasados. Pero nadie quiere hacerle daño, sólo dar rienda suelta a un impulso lúdico... y le empiezan (bueno, le empezamos...) a hacer un manteo !
"Uno", "dos", "tres", "cuatro", "cinco"... y así hasta llegar al "diez".
Luego, Ricardo Lagos se retiró en silencio, entre pasmado y sorpendido por la experiencia inédita e imprevista que acababa de vivir, y la fiesta en Casa Central continuó hasta el amanecer. Pero nada de esto apareció en la prensa. Sospecho que ningún asesor comunicacional de ese momento pensó que esto podía tener provecho electoral... o tal vez eran tiempos en que la gente quería un presidente fome y serio como Frei. O puede ser que el propio Lagos no quiso que esto trascendiera, pues su imaginario siempre ha sido el del Presidente emblema republicano, Hombre de Estado. Quien sabe...
Lo que me hizo pensar esta historia es que éste es justamente el verdadero cambio.
Vamos, no es que a Michelle uno vaya con un grupo de amigos a darle un manteo a La Moneda, pero perfectamente me la imaginaría contenta haciendo un trencito... y no sería nada grave. La condición de ser como cualquiera, el no sabérselas todas, una cierta dosis (aunque cada vez menor, lo que también es lógico) de informalidad... ese es el verdadero cambio, en cuanto a estilos, en cuanto a estética, que son aspectos no menores de la política moderna.
Por supuesto, sobre contenidos aún falta algún tiempo. Habrá que ver al nuevo gobierno en acción para poder dar una opinión más fundada, pero opino que no hay que mirar en menos lo que el espíritu festivo de la gente nos puede indicar.
Por una ventaja superior a la esperada, la primera mujer Presidenta de Chile derrotó al candidato de la derecha. En una columna publicada en La Tercera, el economista Eduardo Engel planteó, en base a un análisis de los resultados a nivel de mesas, que "la mitad del incremento de votos de Bachelet entre la primera y segunda vuelta vino de votos de Hirsch, un cuarto de votos de Lavín y Piñera y el cuarto restante de quienes no votaron por ninguno de los candidatos en la primera vuelta". Agrega en su análisis que lo fundamental fue el voto de las mujeres y que los votos del Juntos Podemos no fueron determinantes, porque la ventaja de casi 500.000 votos sobre Piñera es más que los 370.000 votos que obtuvo Hirsch en primera vuelta.Hay argumentos para todo, también uno podría retrucar que hubiera sido muy diferente como hecho político ganar por 1 punto de diferencia que por los 7 que finalmente se obtuvieron...
Pero la verdad es que esta discusión de expertos no me interesa tanto. Más me llama la atención lo que pasó ese día con la gente común y corriente. Para mi ojo sociológico, resulta más interesante tratar de comprender qué significado hay, no tras el triunfo de Michelle Bachelet en sí mismo, sino tras el verdadero carnaval de euforia popular espontánea que este triunfo gatilló.
En las calles de Santiago y de todo el país se vivió una fiesta multitudinaria. Intuía que algo así podía ocurrir, sobre todo después de asistir al acto de cierre de campaña de Michelle, donde me fue simplemente imposible acceder a la Alameda, por la cantidad de gente que había. Terminamos, con el grupo de compañeras de trabajo con las que andaba, sentándonos en una mesa en la vereda de un pub en la calle Lastarria, alegrando la tarde/noche con unas buenas cervezas y agitando a las masas que marchaban a nuestro rededor con canciones y gritos al por mayor.
El mismo día de la votación pasé la tarde en casa de unos familiares en la comuna de Macul. A las 18:30, cuando dieron el primer cómputo que ya confirmaba la ventaja irreversible de Bachelet, una ola de bocinazos espontáneos comenzó a inundar la calle, mientras la televisión informaba de miles de mujeres y hombres que comenzaban a tomarse la Alameda... como cuando ganó el No en octubre de 1988.
María Fernanda, que con sus ocho años ya comienza a expresar sus opiniones ciudadanas, me pidió una bandera para salir a celebrar con la gente. Y yo, el más bacheletista de todos, no tenía en ese momento el elemento que mi hija requería... salí pues a la sede del comando comunal que estaba a 2 cuadras y tras largas e infructuosas gestiones (porque me decían que ya no les quedaba nada de nada, pues la gente se había llevado todo), conseguí un colorido trozo de plástico con "Bachelet" estampado y un palo de escoba, con lo cual pude hacer realidad la ilusión de mi hijita.
En la noche nos fuimos en auto tocando la bocina, con nuestra bandera de confección artesanal agitada al viento por Marifer en el vidrio trasero, saludando a la multitud reunida en la Plaza Ñuñoa. Al día siguiente, al saludar a la gente de mi trabajo, pude notar una alegría especial en las mujeres.
Pero, las vueltas de la vida, el martes la alegría se convirtió en pena, al enterarme de la absurda partida de Malva Espinosa, colega socióloga y amiga de la Dirección del Trabajo, con quien colaboré en varios estudios sobre temas laborales y sindicales al salir de la Universidad. Esto me hizo pensar en otras mujeres que ya no están, como mis abuelas Olga y mi Nona Nena, a quienes también de algún modo pertenece este triunfo histórico de ver a una mujer encabezando el Estado.
¿Pero cómo se interpreta este triunfo? ¿Qué tendencias hay tras él?
Pensando al respecto, recordé una historia. En diciembre de 1992 yo estaba terminando mi primer año de universidad y en las elecciones para la FEUC (Federación de Estudiantes de la Universidad Católica) ganó en segunda vuelta, por primera vez en la historia, una lista encabezada por el militante socialista Fulvio Rossi (sí, el mismo que actualmente la prensa de espectáculos llama "el metrosexual de la Cámara de Diputados"). La lista de izquierda derrotó a la lista del gremialismo UDI y a la de la Democracia Cristiana.
Esto para la UC era un verdadero golpe histórico simbólico, puesto que desde los tiempos de la Reforma Universitaria a fines de los '60 nunca los estudiantes habían estado encabezados por un grupo de izquierda (bastante heterogéneo internamente, hay que decirlo, pero esa es otra historia).
La cosa es que la celebración fue en la Casa Central. Y yo, con esas ganas de pasar "momentos lindos", propias de todo joven universitario de primer año, partí con un grupo de amigos. La escena en el patio principal de la sede central de la universidad era bastante surrealista.
No sé cuántos seríamos... 500, tal vez 1.000... en un rincón del patio, un grupo de gente cantando a todo chancho canciones de Quilapayún, Inti-Illimani, Santiago del Nuevo Extremo, avivados por garrafas generosas que corrían de mano en mano... en otra esquina, banderas rojas, la mayoría de la Juventud Socialista, pero también alguna hoz y martillo por ahí... en otro lado, jóvenes más rockeros... y más allá, en las bancas del patio, estudiantes declarándose su amor... tambièn había otros individuos solitarios (uno que otro amigo) dormitando, claramente con la caña.
En una especie de mini-escenario improvisado, los miembros de la nueva directiva toman la palabra y agradecen a las masas estudiantiles su apoyo... por los parlantes suena el Venceremos, Un Amor Violento (de Los Tres), El Pueblo Unido y algo de Los Prisioneros... en el aire se siente el olor particular que arroja cierto tipo de hierba al quemarse...
En este panorama, de pronto un locutor anónimo anuncia que está por venir a saludar a la nueva directiva electa de la FEUC el pre-candidato presidencial de la Concertación, Ricardo Lagos. Ese año estaba compitiendo internamente con Eduardo Frei Ruiz-Tagle (quien finalmente fue el nominado) y se consideraba que los resultados de la Católica (un socialista derrotando a la DC y a la derecha) eran una señal favorable para esa coyuntura.
Repentinamente, el "Woodstock pontificio" que estaba teniendo lugar en la oscuridad se vio interrumpido por focos y cámaras de televisión a cargo de registrar este importante saludo.
Lo que nadie previó fue lo que sucedió luego.
Igual como lo hacen las luciérnagas en la noche, cientos de contertulios rodearon a Lagos, atraídos tal vez por la luz de los focos. Algún militante socialista comienza a gritar "Se siente, se siente, Lagos Presidente", pero otro alguien en medio de la multitud grita al mismo tiempo "Manteo a Lagos !". Las masas entendieron el mensaje y, tras seguir durante un rato muy corto el primer llamado, se vuelcan decididamente y con total entusiasmo a la segunda invitación. Unos toman las piernas de Ricardo, otros sus brazos. El pre-candidato se ve sobrepasado. Lo cierto es que todos se vieron sobrepasados. Pero nadie quiere hacerle daño, sólo dar rienda suelta a un impulso lúdico... y le empiezan (bueno, le empezamos...) a hacer un manteo !
"Uno", "dos", "tres", "cuatro", "cinco"... y así hasta llegar al "diez".
Luego, Ricardo Lagos se retiró en silencio, entre pasmado y sorpendido por la experiencia inédita e imprevista que acababa de vivir, y la fiesta en Casa Central continuó hasta el amanecer. Pero nada de esto apareció en la prensa. Sospecho que ningún asesor comunicacional de ese momento pensó que esto podía tener provecho electoral... o tal vez eran tiempos en que la gente quería un presidente fome y serio como Frei. O puede ser que el propio Lagos no quiso que esto trascendiera, pues su imaginario siempre ha sido el del Presidente emblema republicano, Hombre de Estado. Quien sabe...
Lo que me hizo pensar esta historia es que éste es justamente el verdadero cambio.
Vamos, no es que a Michelle uno vaya con un grupo de amigos a darle un manteo a La Moneda, pero perfectamente me la imaginaría contenta haciendo un trencito... y no sería nada grave. La condición de ser como cualquiera, el no sabérselas todas, una cierta dosis (aunque cada vez menor, lo que también es lógico) de informalidad... ese es el verdadero cambio, en cuanto a estilos, en cuanto a estética, que son aspectos no menores de la política moderna.
Por supuesto, sobre contenidos aún falta algún tiempo. Habrá que ver al nuevo gobierno en acción para poder dar una opinión más fundada, pero opino que no hay que mirar en menos lo que el espíritu festivo de la gente nos puede indicar.
martes, 27 de diciembre de 2005
Michelle Bachelet: los desafíos de la segunda vuelta
Para mí está claro. Quiero que Michelle Bachelet sea la próxima Presidenta de Chile. En primera y en segunda vuelta. Tengo razones afectivas para mi opción.Por su historia personal, por lo que representa como símbolo el pasar desde Villa Grimaldi -30 años atrás- al Palacio de La Moneda -hoy-. También porque vivió algunos años de su exilio en el mismo país y en la misma ciudad en la que pasé mi infancia, sin jamás renegar de ello, pese a que aquel país ya no existe ni existirá más que en mis recuerdos de niño y en los libros de historia. Además, porque de vuelta a Chile estuvo apoyando directamente, aún poniendo en riesgo su propia seguridad, a los hijos y familiares de las víctimas de la dictadura. Y luego, porque a pesar de su biografía y sin olvidarla, tuvo el coraje sobrepasar barreras y ayudar a construir país en ámbitos tan diversos como el de la Salud y la Defensa.
Sin embargo, aunque los afectos y la dimensión emotiva de la política tienden a jugar un rol cada vez más importante en prácticamente todas las sociedades contemporáneas, no puede dejarse de lado la dimensión más fría y cruda que sigue formando parte de su esencia: la política como lucha racional por el poder, en nombre de determinados proyectos o visiones de país.
Y aquí radican a mi juicio los principales desafíos o dilemas que se plantean en el escenario actual de segunda vuelta. Si se tratara de un asunto puramente aritmético la cosa sería fácil: Bachelet + Hirsch suman un pelo más que el 50%, mientras que Piñera + Lavín sólo llegan raspando al 49%. Pero mientras la racionalidad política de la campaña de Piñera es clara y unidireccional, la lógica de campaña de Michelle Bachelet es necesariamente diversa, heterogénea y en algunos aspectos potencialmente contradictoria.
Me explico.
Una vez que el candidato de la Alianza cuadró a la UDI y al pinochetismo detrás suyo, su campaña se asemeja a una "locomotora" que, partiendo desde la derecha, tiene su estación de destino claramente definida, casi como obsesión o idea fija: conquistar el centro. En función de este rumbo trazado se están movilizando todos los recursos humanos, financieros y comunicacionales de que disponen (que no son pocos), avivados por la música de fondo del pretendido "humanismo cristiano".
En cambio, la campaña de Michelle Bachelet tiene que avanzar en 5 direcciones distintas al mismo tiempo, cual gota de aceite vertida en una olla, que a partir de un determinado punto central va creciendo y ocupando espacios, esparciendo o derramándose "hacia afuera":
1. Consolidar el 45,9% de la primera vuelta y contener potenciales nuevas "fugas" de votantes moderados de centro, tentados de cruzar la vereda. A pesar de los ires y venires de la primera semana post 11 de diciembre, esto parece estarse logrando relativamente bien, luego de la incorporación plena a la campaña de todos los parlamentarios electos de la Concertación y de los dirigentes de las diferentes tendencias internas de la DC, además del mayor vínculo comunicacional entre Lagos y Bachelet.
2. Asegurar la mayor parte posible de la votación del Juntos Podemos (5,4%). Si bien el llamado a votar nulo -decisión absolutamente legítima aunque a mi juicio errada- de Tomás Hirsch y el Partido Humanista pareció complicar las cosas, el Partido Comunista está anunciando hoy día oficialmente el apoyo a Bachelet, tras una negociación que entre otras cosas dejó nuevamente en evidencia la injusticia del sistema electoral, que sigue excluyendo a un porcentaje significativo de la población (9% en las municipales 2004, 7% en las parlamentarias 2005, 5% en la presidencial 2005). Además, al fragor del debate, aparecieron también nuevos actores que podrían dinamizar a futuro la oferta política de la izquierda.
3. Crecer 1 ó 2 puntos porcentuales hacia votantes moderados o de centro que en primera vuelta apoyaron a parlamentarios de la Concertación y específicamente de la DC, pero prefieron a Piñera antes que a Bachelet. En el fondo se trata de recuperar votos que en primera vuelta "se fueron" hacia la derecha. Esto se ve como una de las tareas más difíciles, puesto que son personas que ya estuvieron frente a la disyuntiva y tomaron una opción, por lo que difílmente la reviertan en la segunda vuelta.
4. Explotar un cierto resquemor que puede haber quedado en alguna fracción mínima del electorado popular que votó por Lavín. Esto también es complejo, especialmente debido al rápido alineamiento de Lavín tras Piñera y a la disciplina y lealtad del votante UDI popular.
5. Por último -y esto es para mí es lo que puede definir la elección- conquistar a personas que no votaron en la primera vuelta (abstención + blancos + nulos suman cerca de 1.200.000 personas), convencerlos de votar en segunda, y de votar Bachelet. Este es un trabajo complejo, por la heterogeneidad de la población potencial a convencer y por su posible menor funcionamiento en base a lógicas de alineamiento político tradicional.
Si a mí, en este escenario, me hicieran la clásica pregunta leninista de "¿Qué Hacer?", diría que junto con salir a terreno o a las calles, reforzar el trabajo persona a persona que cada uno de nosotros puede hacer en sus respectivos ámbitos y círculos de amistad, trabajo y vida, y junto con vincular más claramente a Bachelet con el apoyo de que goza en la mayor parte de la ciudadanía la Concertación y el gobierno de Lagos, es preciso reafirmar comunicacional y discursivamente en estas 3 semanas que quedan, ciertas claves de identidad de Michelle.
Y en esto no habría que reinventar la rueda ni encasillar a la candidata en trajes forzados, sino recurrir a algo mucho más simple: las claves de identidad que hay en su propia historia, a partir de las cuales se puede convocar a múltiples y diversos grupos de la población. Éstas, a mi juicio, serían: 1. fuerte compromiso con la igualdad y la justicia social pero también con la diversidad, 2. audacia para romper esquemas y cruzar barreras sin renunciar a la propia historia (por ejemplo, irse a estudiar Defensa en Estados Unidos), 3. capacidad de implementar políticas públicas con alto apoyo ciudadano.
Se trata, creo yo, de tomar la iniciativa en este corto tiempo y marcar con claridad por qué Michelle Bachelet es la alternativa adecuada para Chile y por qué es capaz de congregar a grupos humanos tan heterogéneos en torno a un proyecto común de futuro. Hasta ahora, para mi gusto, esto no ha quedado lo suficientemente claro, pero es perfectamente posible de hacerse.
lunes, 5 de diciembre de 2005
Contreras, Navia, Huilipán y Méndez: íconos de movilidad social en Chile ...?
La semana pasada en la franja presidencial de Michelle Bachelet apareció, entre connotados dirigentes DC, el testimonio de un hombre joven que contaba un resumen de su biografía personal y vinculaba su propia trayectoria de ascenso social a la gestión de los gobiernos de la Concertación. Este personaje es Dante Contreras, actual Director del Departamento de Economía de la Universidad de Chile.Contreras, con quien me ha tocado dos veces interactuar muy fugazmente en los últimos seis años en el contexto de algunas investigaciones, viene de la comuna de La Cisterna, donde cursó su educación básica y media en una escuela pública sin nombre propio, sólo reconocible por su respectivo número y letra. Fue buen alumno y, gracias a un crédito fiscal, pudo estudiar en la Facultad de Economía de la Universidad de Chile. Luego, gracias a una beca por buen desempeño académico, pudo doctorarse en la Universidad de California, Los Angeles y realizar un post-doctorado en la Universidad de Yale.
Hijo de una madre dueña de casa y un padre pintor, Dante Contreras puede ser considerado un ejemplo de las nuevas oportunidades de movilidad social que se han abierto durante los años de gobierno de la Concertación. Probablemente es por eso también que en la campaña de Michelle optaron por poner su testimonio como ejemplo vivo, no sólo retórico o discursivo, del compromiso contra la desigualdad social y la discriminación.
Pero lo cierto es que hasta por ahí nomás...
Así como Contreras, podríamos señalar también otros ejemplos públicos de movilidad social durante los noventa. Por ejemplo, el cientista político Patricio Navia, opinólogo de modo en la prensa escrita y en la televisión, a quien de seguro más de algún medio pedirá su mirada acerca de las elecciones este 11 de diciembre. Navia nació en Lima, Perú, y vivó desde los tres años en la sureña ciudad de Temuco, donde estudió en un liceo fiscal. Pero su padre, pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, decidió en 1987 emigrar a Chicago. Navia, sin siquiera saber incialmente inglés, fue aprendiendo en el camino a aprovechar las nuevas oportunidades que la iba brindando "América" (como dicen los gringos). Así, se graduó en 1992 de Cientista Político de la Universidad de Illinois de Chicago. Luego, en 1994, obtuvo el grado de Master of Arts en Ciencia Política y el Doctorado en 2003.
Navia no sólo tuvo un buen desempeño académico, sino que también aprovechó de ir generando redes, con un cónsul de Chile, un senador, un futuro canciller de México, un economista top, un escritor destacado, y así. Su mayor obra, aprovechando estas redes, ha sido la lista de correos "Referente", donde desde 1996 envía artículos de actualidad a una lista de personas. Yo estoy suscrito desde 1999, a través de un amigo que medio el dato.
No sólo en el ámbito académico hay ejemplos de esta nueva movilidad social.
Ximena Huilipán nació el 19 de septiembre de 1986 en el sur de Chile. Proveniente de familia de sangre mapuche, de la cual no reniega y, por el contrario, se siente sumamente orgullosa, forma parte actualmente parte destacada del mundo de las top models a nivel internacional, gracias a que a los 14 años Óscar De la Renta se fijó en ella en un desfile y quedó cautivado con su belleza exótica y particular, tan difícil de hallar en otros rincones del planeta.
Desde pequeña Ximena quería ser modelo profesional y ser protagonista en las pasarelas. Gracias a su madre pudo acceder al diseñador chileno Rubén Campos, quien le abrió las primeras puertas al mundo de la moda. Así comenzó a desfilar y se produjo aquel mágico cruce con De la Renta que le cambiaría la vida. Desde el año 2000 en adelante Huilpán ha participado en varios desfiles importantes de la moda nacional, llegando a participar en importantes eventos de la moda mundial como el Elite Model Look y el cotizado concurso "Model of The World", realizado entre el 1 y 15 de septiembre de este año en China. En alguna de sus primeras incursiones destacadas en las pasarelas desfiló junto a una bandera chilena invertida y en llamas, lo que ocasionó fuertes reacciones diplomáticas y políticas de parte del entonces canciller José Miguel Insulza y del mismísimo Presidente Ricardo Lagos, además por cierto, de la derecha nacional.
Finalmente, por qué no mencionar también a Leopoldo Méndez, más conocido como DJ Méndez. Nacido en 1975 y criado en el Cerro Barón de Valparaíso, los padres de Méndez debieron emigrar a Suecia por razones laborales. Con sólo 12 años de edad a cuestas, comenzó a trabajar como discjockey en Estocolmo. Bailaba y escribía, mezclando su español con las pocas palabras de inglés y sueco que iba aprendiendo, aunque generaba sus ingresos haciendo aseo, pintando y trabajando en una panadería y en una juguetería. En 1998, por casualidad un productor escucha uno de sus demos, le llama la atención, y DJ Méndez ingresa al sello Stockholm Records. Comienza a sacar discos y se presenta en vivo y con total éxito en Estocolmo ante 25 mil personas y más tarde en la Plaza Roja de Moscú, ante 300.000 espectadores. A partir del 2000, Suecia entera (y luego toda Europa) se rinde ante los temas de su primer disco “Latino for life”, que incluyó éxitos como “Fiesta” y “Estocolmo”.
En todo caso, el camino al éxito de Méndez no ha estado exento de problemas, como sus poblemas con el consumo de drogas y alcohol y su estadía en una cárcel sueca. Pero logró alejarse de estos flagelos gracias al apoyo de Casa Sandino, un organismo dirigido por chilenos exiliados, en el que se ayuda a jóvenes con problemas y adicciones a reinsertarse socialmente. Recientemente, Méndez ha sorprendido a Chile con su nueva incursión como empresario en tierras locales.
Estos cuatro casos, en cierto sentido, dan gusto, por una parte. Da gusto que un Contreras, un Navia, una Huilipán, un Méndez, simples chilenos de origen modesto, sin apellidos vinosos, sin cuna de oro, lleguen a encumbrarse a altas posiciones, cada uno dentro de su respectivo ámbito.
Sin embargo, el asunto es que al final, si se analiza seriamente, parece no haber nada demasiado nuevo bajo el sol. Lo que podemos aprender ya sea del "modelo Contreras", del "paradigma Navia", del "ícono Huilipán" o de la "marca Méndez", es que la cosa parece seguir siendo más o menos la misma que hace algunos años.
Para poder subir en la escala social en Chile si vienes de abajo, hay que ser muy buen alumno, empeñoso, tener talento, pero más importante que esto: hay que tener golpes de suerte, que pueden expresarse en que "alguien" te descubra por casualidad o "te toque" por cosas del azar viajar al extranjero. Por cierto, influye fuertemente también la capacidad de aprovechar las oportunidades que se te van presentando en el camino y capitalizar las nuevas experiencias.
Pero la movilidad social para el común de la población en las posiciones más bajas de la escala social, salvo estos excepcionales ejemplos, sigue siendo algo extraño, ajeno, un concepto demasiado esotérico, por llamarlo de algún modo.
¿Cuántos buenos alumnos, cuántos jóvenes busquillas, cuántas niñas bellas y con desplante, cuántos jóvenes con talento musical no lograron nunca salir de su situación de pobreza y marginación en Chile?
Todas estas son preguntas para que responda la próxima Presidenta de Chile, que por mi parte espero sea Michelle Bachelet.
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