martes, 13 de marzo de 2007

Tormenta de ideas sobre farándula, política y la aparición de marzo

Hace algunos años asistí a un pequeño foro-debate sobre el Informe de Desarrollo Humano en Chile del año 2004, titulado "El poder: ¿para qué y para quien?. Entre múltiples y diversos temas abordados, el presentador y los comentaristas -todos destacados y conocidos colegas- coincidieron en una cierta mirada crítica con respecto al vínculo entre medios de comunicación (particularmente la televisión) y política.

El punto, si mal no recuerdo, era que los medios debilitan y convierten en superficial el ejercicio real de la acción colectiva ciudadana. Bajo la ilusión de estar más informados y de tener más posibilidades de control y fiscalización de la autoridad, los televidentes en realidad estaban cada vez más adormecidos y alienados. El fantasma que rondaba en aquella pequeña y encerrada sala del PNUD era el de la "farandulización de la política".

Con algo de afán provocador, un poco en broma pero sobre todo bastante en serio, me permití cuestionar esta tesis. Pregunté si acaso podría uno negar el radical efecto político a nivel del sentido común de las masas, de oír a una Adela Secall (por entonces nuevo ícono sensual de los chilenos por su personaje de la Gata en la teleserie "Los Pincheira") apoyando a la izquierda extraparlamentaria, o de ver al actor Daniel Alcaíno (Yerko Puchento) rescatando por televisión el legado de la fallecida dirigenta comunista Gladys Marín.

Pasan los años y sigo con la idea, la sospecha o la intuición de que algo hay en los medios masivos que de modo misterioso hace reflejar en ellos como en un espejo lo que es la sociedad, tanto en sus luces como en sus sombras. Y me parece que a veces en algunos círculos intelectuales se construye una única imagen de la TV sin nunca haber visto TV, del mismo modo que otros diseñan sistemas de transporte urbano sin nunca haber andado en micro. Así es fácil.

Pero a mí al menos, en este regreso a Santiago después de vacaciones, todo lo que veo por televisión, hasta lo más superficial, me parece hablar de política.

El Festival de Viña y Tomka Tomicic, sobre todo aquel día en que el "monstruo" de la Quinta Vergara la estuvo pifiando por más de una hora a ella y a Sergio Lagos, pidiendo el regreso al escenario de Ana Torroja, fue tal vez una metáfora más potente que cualquiera otra de la idea del "gobierno ciudadano" de Bachelet. Si el primer día los propios animadores invitaron al público a expresarse libre y abiertamente, luego cuando ello ocurrió de veras se vieron sobrepasados. ¿Suena a historia conocida?.


Y ojo que en las encuestas posteriores al hecho, el perdedor en términos de imagen fue Lagos (Sergio) y no Tomka (¿Bachelet?), que sigue siendo la reina indiscutida y más preferida para seguir de animadora del evento, por sobre Cecilia Bolocco. Y ojo también que aunque el público la quiere y la apoya, a quien pedía en el momento más álgido de la crisis era a "Antonio". ¿Quién sería el Vodanovic de la política chilena, como figura de autoridad? ¿tal vez Lagos (Ricardo)?

También por televisión, desde los hermosos parajes de Bariloche en Argentina, y luego desde el poblado precordillerano de Curarrehue en Chile, me enteré de las dificultades que enfrentan diversos "hijos de". Me dí cuenta, gracias a la televisión, que este tema se viene con fuerza, en todo sentido. El hijo de una diputada de derecha fue detenido en Pucón por sospechas de tráfico de drogas y la madre diputada acusó que lo estaban persiguiendo políticamente por el simple pecado de ser "hijo de" ella.


Casi simultáneamente el hijo de la Presidenta de la República en una entrevista a un diario habló de lo difícil que resulta ser "hijo de", especialmente cuando se trabaja en el sector público, porque todos sospechan automáticamente de sus reales méritos para ocupar el cargo. Un famoso cientista político nacional, calificado por Jordi Castell como un simple "opinólogo", respondió acusando una supuesta falta de méritos académicos del muchacho en cuestión. Y de ahí se saltó a la discusión por la obtención de becas para estudios de post-grado de numerosos "hijos de". A mi modo de ver son los fantasmas de la movilidad social y de la horizontalidad de los que he hablado antes, los que ahora han cobrado vida y exigen que se cumpla la palabra empeñada, de la cual Michelle es la punta de lanza. ¿Será capaz el país de asumirlo?.

En fin, todo esto gracias a los medios masivos. Es cierto que demasiada televisión atonta y que los programas no son de la mejor calidad. Pero también esa televisión, que es la que tenemos, permite muchas veces leer mejor el país que somos. Que hay políticos faránduleros, los hay. Y que hay faránduleros que se las dan de agudos analistas políticos, los hay (como por ejemplo, Pamela Jiles que lanzó una tontera tal como acusar a Gustavo Ceratti de hacer "un rock de derecha"... por favor !).


Pero no se saca nada con demonizar a los medios. En las últimas encuestas todos los sectores políticos bajan su adhesión y apoyo, señal de que es la clase política la que está mal evaluada en su conjunto. No sería raro entonces que surgieran nuevos tipos de liderazgo. Pero creo que éstos no surgirán de los actores sociales clásicos, ni de algún algún nuevo sujeto revolucionario o transformador, si hasta Silvio es ahora un producto de mercado (por cierto yo soy parte de su público objetivo y pagué la costosa entrada por verlo en el recital de Santiago).

La sorpresa a la que hay que estar atentos vendrá de los nuevos medios de comunicación, por ejemplo de la blogósfera, ¿por qué no? Al respecto, recomiendo lean ahora ya a Nicolás Copano.... y prender un rato la tele.