Mostrando las entradas con la etiqueta elecciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta elecciones. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de enero de 2006

Del manteo a Ricardo Lagos al triunfo de Michelle Bachelet: ¿Qué cambió en la política chilena?

Hoy hace un calor infernal en Santiago. La temperatura esta semana ha oscilado entre los 34, 35 y hasta 36 grados celsius. Dan ganas de estar todo el día en la playa o la piscina. En cuanto a la política, también hay una sensación térmica de calor, en espera de conocerse los nombres de los integrantes del primer gabinete de la Presidenta Bachelet. Es un buen momento para refrescarnos con algunas reflexiones.

Por una ventaja superior a la esperada, la primera mujer Presidenta de Chile derrotó al candidato de la derecha. En una columna publicada en La Tercera, el economista Eduardo Engel planteó, en base a un análisis de los resultados a nivel de mesas, que "la mitad del incremento de votos de Bachelet entre la primera y segunda vuelta vino de votos de Hirsch, un cuarto de votos de Lavín y Piñera y el cuarto restante de quienes no votaron por ninguno de los candidatos en la primera vuelta". Agrega en su análisis que lo fundamental fue el voto de las mujeres y que los votos del Juntos Podemos no fueron determinantes, porque la ventaja de casi 500.000 votos sobre Piñera es más que los 370.000 votos que obtuvo Hirsch en primera vuelta.

Hay argumentos para todo, también uno podría retrucar que hubiera sido muy diferente como hecho político ganar por 1 punto de diferencia que por los 7 que finalmente se obtuvieron...

Pero la verdad es que esta discusión de expertos no me interesa tanto. Más me llama la atención lo que pasó ese día con la gente común y corriente. Para mi ojo sociológico, resulta más interesante tratar de comprender qué significado hay, no tras el triunfo de Michelle Bachelet en sí mismo, sino tras el verdadero carnaval de euforia popular espontánea que este triunfo gatilló.

En las calles de Santiago y de todo el país se vivió una fiesta multitudinaria. Intuía que algo así podía ocurrir, sobre todo después de asistir al acto de cierre de campaña de Michelle, donde me fue simplemente imposible acceder a la Alameda, por la cantidad de gente que había. Terminamos, con el grupo de compañeras de trabajo con las que andaba, sentándonos en una mesa en la vereda de un pub en la calle Lastarria, alegrando la tarde/noche con unas buenas cervezas y agitando a las masas que marchaban a nuestro rededor con canciones y gritos al por mayor.

El mismo día de la votación pasé la tarde en casa de unos familiares en la comuna de Macul. A las 18:30, cuando dieron el primer cómputo que ya confirmaba la ventaja irreversible de Bachelet, una ola de bocinazos espontáneos comenzó a inundar la calle, mientras la televisión informaba de miles de mujeres y hombres que comenzaban a tomarse la Alameda... como cuando ganó el No en octubre de 1988.

María Fernanda, que con sus ocho años ya comienza a expresar sus opiniones ciudadanas, me pidió una bandera para salir a celebrar con la gente. Y yo, el más bacheletista de todos, no tenía en ese momento el elemento que mi hija requería... salí pues a la sede del comando comunal que estaba a 2 cuadras y tras largas e infructuosas gestiones (porque me decían que ya no les quedaba nada de nada, pues la gente se había llevado todo), conseguí un colorido trozo de plástico con "Bachelet" estampado y un palo de escoba, con lo cual pude hacer realidad la ilusión de mi hijita.

En la noche nos fuimos en auto tocando la bocina, con nuestra bandera de confección artesanal agitada al viento por Marifer en el vidrio trasero, saludando a la multitud reunida en la Plaza Ñuñoa. Al día siguiente, al saludar a la gente de mi trabajo, pude notar una alegría especial en las mujeres.

Pero, las vueltas de la vida, el martes la alegría se convirtió en pena, al enterarme de la absurda partida de Malva Espinosa, colega socióloga y amiga de la Dirección del Trabajo, con quien colaboré en varios estudios sobre temas laborales y sindicales al salir de la Universidad. Esto me hizo pensar en otras mujeres que ya no están, como mis abuelas Olga y mi Nona Nena, a quienes también de algún modo pertenece este triunfo histórico de ver a una mujer encabezando el Estado.

¿Pero cómo se interpreta este triunfo? ¿Qué tendencias hay tras él?

Pensando al respecto, recordé una historia. En diciembre de 1992 yo estaba terminando mi primer año de universidad y en las elecciones para la FEUC (Federación de Estudiantes de la Universidad Católica) ganó en segunda vuelta, por primera vez en la historia, una lista encabezada por el militante socialista Fulvio Rossi (sí, el mismo que actualmente la prensa de espectáculos llama "el metrosexual de la Cámara de Diputados"). La lista de izquierda derrotó a la lista del gremialismo UDI y a la de la Democracia Cristiana.


Esto para la UC era un verdadero golpe histórico simbólico, puesto que desde los tiempos de la Reforma Universitaria a fines de los '60 nunca los estudiantes habían estado encabezados por un grupo de izquierda (bastante heterogéneo internamente, hay que decirlo, pero esa es otra historia).

La cosa es que la celebración fue en la Casa Central. Y yo, con esas ganas de pasar "momentos lindos", propias de todo joven universitario de primer año, partí con un grupo de amigos. La escena en el patio principal de la sede central de la universidad era bastante surrealista.

No sé cuántos seríamos... 500, tal vez 1.000... en un rincón del patio, un grupo de gente cantando a todo chancho canciones de Quilapayún, Inti-Illimani, Santiago del Nuevo Extremo, avivados por garrafas generosas que corrían de mano en mano... en otra esquina, banderas rojas, la mayoría de la Juventud Socialista, pero también alguna hoz y martillo por ahí... en otro lado, jóvenes más rockeros... y más allá, en las bancas del patio, estudiantes declarándose su amor... tambièn había otros individuos solitarios (uno que otro amigo) dormitando, claramente con la caña.

En una especie de mini-escenario improvisado, los miembros de la nueva directiva toman la palabra y agradecen a las masas estudiantiles su apoyo... por los parlantes suena el Venceremos, Un Amor Violento (de Los Tres), El Pueblo Unido y algo de Los Prisioneros... en el aire se siente el olor particular que arroja cierto tipo de hierba al quemarse...

En este panorama, de pronto un locutor anónimo anuncia que está por venir a saludar a la nueva directiva electa de la FEUC el pre-candidato presidencial de la Concertación, Ricardo Lagos. Ese año estaba compitiendo internamente con Eduardo Frei Ruiz-Tagle (quien finalmente fue el nominado) y se consideraba que los resultados de la Católica (un socialista derrotando a la DC y a la derecha) eran una señal favorable para esa coyuntura.

Repentinamente, el "Woodstock pontificio" que estaba teniendo lugar en la oscuridad se vio interrumpido por focos y cámaras de televisión a cargo de registrar este importante saludo.

Lo que nadie previó fue lo que sucedió luego.

Igual como lo hacen las luciérnagas en la noche, cientos de contertulios rodearon a Lagos, atraídos tal vez por la luz de los focos. Algún militante socialista comienza a gritar "Se siente, se siente, Lagos Presidente", pero otro alguien en medio de la multitud grita al mismo tiempo "Manteo a Lagos !". Las masas entendieron el mensaje y, tras seguir durante un rato muy corto el primer llamado, se vuelcan decididamente y con total entusiasmo a la segunda invitación. Unos toman las piernas de Ricardo, otros sus brazos. El pre-candidato se ve sobrepasado. Lo cierto es que todos se vieron sobrepasados. Pero nadie quiere hacerle daño, sólo dar rienda suelta a un impulso lúdico... y le empiezan (bueno, le empezamos...) a hacer un manteo !

"Uno", "dos", "tres", "cuatro", "cinco"... y así hasta llegar al "diez".

Luego, Ricardo Lagos se retiró en silencio, entre pasmado y sorpendido por la experiencia inédita e imprevista que acababa de vivir, y la fiesta en Casa Central continuó hasta el amanecer. Pero nada de esto apareció en la prensa. Sospecho que ningún asesor comunicacional de ese momento pensó que esto podía tener provecho electoral... o tal vez eran tiempos en que la gente quería un presidente fome y serio como Frei. O puede ser que el propio Lagos no quiso que esto trascendiera, pues su imaginario siempre ha sido el del Presidente emblema republicano, Hombre de Estado. Quien sabe...

Lo que me hizo pensar esta historia es que éste es justamente el verdadero cambio.

Vamos, no es que a Michelle uno vaya con un grupo de amigos a darle un manteo a La Moneda, pero perfectamente me la imaginaría contenta haciendo un trencito... y no sería nada grave. La condición de ser como cualquiera, el no sabérselas todas, una cierta dosis (aunque cada vez menor, lo que también es lógico) de informalidad... ese es el verdadero cambio, en cuanto a estilos, en cuanto a estética, que son aspectos no menores de la política moderna.

Por supuesto, sobre contenidos aún falta algún tiempo. Habrá que ver al nuevo gobierno en acción para poder dar una opinión más fundada, pero opino que no hay que mirar en menos lo que el espíritu festivo de la gente nos puede indicar.

martes, 27 de diciembre de 2005

Michelle Bachelet: los desafíos de la segunda vuelta

Para mí está claro. Quiero que Michelle Bachelet sea la próxima Presidenta de Chile. En primera y en segunda vuelta. Tengo razones afectivas para mi opción.

Por su historia personal, por lo que representa como símbolo el pasar desde Villa Grimaldi -30 años atrás- al Palacio de La Moneda -hoy-. También porque vivió algunos años de su exilio en el mismo país y en la misma ciudad en la que pasé mi infancia, sin jamás renegar de ello, pese a que aquel país ya no existe ni existirá más que en mis recuerdos de niño y en los libros de historia. Además, porque de vuelta a Chile estuvo apoyando directamente, aún poniendo en riesgo su propia seguridad, a los hijos y familiares de las víctimas de la dictadura. Y luego, porque a pesar de su biografía y sin olvidarla, tuvo el coraje sobrepasar barreras y ayudar a construir país en ámbitos tan diversos como el de la Salud y la Defensa.

Sin embargo, aunque los afectos y la dimensión emotiva de la política tienden a jugar un rol cada vez más importante en prácticamente todas las sociedades contemporáneas, no puede dejarse de lado la dimensión más fría y cruda que sigue formando parte de su esencia: la política como lucha racional por el poder, en nombre de determinados proyectos o visiones de país.

Y aquí radican a mi juicio los principales desafíos o dilemas que se plantean en el escenario actual de segunda vuelta. Si se tratara de un asunto puramente aritmético la cosa sería fácil: Bachelet + Hirsch suman un pelo más que el 50%, mientras que Piñera + Lavín sólo llegan raspando al 49%. Pero mientras la racionalidad política de la campaña de Piñera es clara y unidireccional, la lógica de campaña de Michelle Bachelet es necesariamente diversa, heterogénea y en algunos aspectos potencialmente contradictoria.

Me explico.

Una vez que el candidato de la Alianza cuadró a la UDI y al pinochetismo detrás suyo, su campaña se asemeja a una "locomotora" que, partiendo desde la derecha, tiene su estación de destino claramente definida, casi como obsesión o idea fija: conquistar el centro. En función de este rumbo trazado se están movilizando todos los recursos humanos, financieros y comunicacionales de que disponen (que no son pocos), avivados por la música de fondo del pretendido "humanismo cristiano".

En cambio, la campaña de Michelle Bachelet tiene que avanzar en 5 direcciones distintas al mismo tiempo, cual gota de aceite vertida en una olla, que a partir de un determinado punto central va creciendo y ocupando espacios, esparciendo o derramándose "hacia afuera":

1. Consolidar el 45,9% de la primera vuelta y contener potenciales nuevas "fugas" de votantes moderados de centro, tentados de cruzar la vereda. A pesar de los ires y venires de la primera semana post 11 de diciembre, esto parece estarse logrando relativamente bien, luego de la incorporación plena a la campaña de todos los parlamentarios electos de la Concertación y de los dirigentes de las diferentes tendencias internas de la DC, además del mayor vínculo comunicacional entre Lagos y Bachelet.
2. Asegurar la mayor parte posible de la votación del Juntos Podemos (5,4%). Si bien el llamado a votar nulo -decisión absolutamente legítima aunque a mi juicio errada- de Tomás Hirsch y el Partido Humanista pareció complicar las cosas, el Partido Comunista está anunciando hoy día oficialmente el apoyo a Bachelet, tras una negociación que entre otras cosas dejó nuevamente en evidencia la injusticia del sistema electoral, que sigue excluyendo a un porcentaje significativo de la población (9% en las municipales 2004, 7% en las parlamentarias 2005, 5% en la presidencial 2005). Además, al fragor del debate, aparecieron también nuevos actores que podrían dinamizar a futuro la oferta política de la izquierda.
3. Crecer 1 ó 2 puntos porcentuales hacia votantes moderados o de centro que en primera vuelta apoyaron a parlamentarios de la Concertación y específicamente de la DC, pero prefieron a Piñera antes que a Bachelet. En el fondo se trata de recuperar votos que en primera vuelta "se fueron" hacia la derecha. Esto se ve como una de las tareas más difíciles, puesto que son personas que ya estuvieron frente a la disyuntiva y tomaron una opción, por lo que difílmente la reviertan en la segunda vuelta.

4. Explotar un cierto resquemor que puede haber quedado en alguna fracción mínima del electorado popular que votó por Lavín. Esto también es complejo, especialmente debido al rápido alineamiento de Lavín tras Piñera y a la disciplina y lealtad del votante UDI popular.
5. Por último -y esto es para mí es lo que puede definir la elección- conquistar a personas que no votaron en la primera vuelta (abstención + blancos + nulos suman cerca de 1.200.000 personas), convencerlos de votar en segunda, y de votar Bachelet. Este es un trabajo complejo, por la heterogeneidad de la población potencial a convencer y por su posible menor funcionamiento en base a lógicas de alineamiento político tradicional.

Si a mí, en este escenario, me hicieran la clásica pregunta leninista de "¿Qué Hacer?", diría que junto con salir a terreno o a las calles, reforzar el trabajo persona a persona que cada uno de nosotros puede hacer en sus respectivos ámbitos y círculos de amistad, trabajo y vida, y junto con vincular más claramente a Bachelet con el apoyo de que goza en la mayor parte de la ciudadanía la Concertación y el gobierno de Lagos, es preciso reafirmar comunicacional y discursivamente en estas 3 semanas que quedan, ciertas claves de identidad de Michelle.


Y en esto no habría que reinventar la rueda ni encasillar a la candidata en trajes forzados, sino recurrir a algo mucho más simple: las claves de identidad que hay en su propia historia, a partir de las cuales se puede convocar a múltiples y diversos grupos de la población. Éstas, a mi juicio, serían: 1. fuerte compromiso con la igualdad y la justicia social pero también con la diversidad, 2. audacia para romper esquemas y cruzar barreras sin renunciar a la propia historia (por ejemplo, irse a estudiar Defensa en Estados Unidos), 3. capacidad de implementar políticas públicas con alto apoyo ciudadano.

Se trata, creo yo, de tomar la iniciativa en este corto tiempo y marcar con claridad por qué Michelle Bachelet es la alternativa adecuada para Chile y por qué es capaz de congregar a grupos humanos tan heterogéneos en torno a un proyecto común de futuro. Hasta ahora, para mi gusto, esto no ha quedado lo suficientemente claro, pero es perfectamente posible de hacerse.